En Vic, el 16 de julio de 1849, en una sencilla celda del antiguo seminario diocesano, nació la primera Casa-Misión de los Misioneros Claretianos, formada por el P. Claret y cinco compañeros. A los pocos meses, el obispo Luciano Casadevall les entregó como vivienda estable el antiguo convento desamortizado de La Merced, donde convivieron con el Fundador hasta su partida a Santiago de Cuba. Los misioneros fueron expandiendo su presencia evangelizadora por todo el mundo; pero, al mismo tiempo, siempre han peregrinado a esta casa para encontrarse con sus orígenes.