A. Cabré Rufatt, cmf.

Me encontré con Claret en una cancha de fútbol. Yo era un adolescente que trataba de meter goles y el padre Alberto Chang, amigo de mi familia, me invitó a jugar con los seminaristas claretianos.  No recuerdo si gané muchos partidos o si metí muchos goles. Lo que gané fue inmensamente mayor: descubrí un carisma que empezó a nutrirme desde adentro, que me hizo mirar la vida más allá de los horizontes normales: la vida seguía más allá de donde se termina el mar. Había pueblos enteros que ni conocían a Cristo Jesús, el que ayuda a liberar las cadenas que impiden ser felices.

Conocer a Claret fue descubrir un especial modo de vivir mi condición cristiana: un Cristo convertido en alimento para vigorizarnos, una mujer toda corazón para cuidarnos, un José capaz de enseñarle a Dios a ser hombre, mediante el trabajo y la familia.

Desde entonces, me siento agradecido a la vida por haberme puesto en un lugar en donde puedo aprender, puedo comunicar, puedo misionar anunciando a otros la liberación.

Una espiritualidad así me ha sostenido, animado y alimentado. Pareciera que Dios nos fija una meta y nos pone por delante variados carriles para llegar a ella. Lo importante es saber ubicarse en el carril apropiado y avanzar, sin transar.

Seguramente sorteando obstáculos, a veces superando los desánimos, otras veces retrocediendo para tomar más impulso hacia delante. Y como se trata de vivir esta experiencia dentro de una familia carismática, el empeño no se da en solitario: toda una hermandad ayuda a lograr la meta.

Puedo decir que amistades leales, profundas, sinceras, las he descubierto en esta familia claretiana. No nos unen lazos de sangre. Nos unen lazos de amistad, de ilusiones, de certezas, de confianza, que resultan muchas veces más fuertes. ¿Quién no ha descubierto en otro, en otra, esa persona que te hace ser mejor?

Claret, mostrándome su vida, sus utopías, sus fracasos y sus logros, en el seguimiento de Jesús, me invita a seguir sus pasos: pisar sus huellas es tener la seguridad de llegar a un buen final.

P. Agustín Cabré Rufatt, cmf.

(Provincia de San José del Sur)

José Agustín Cabré Rufatt (1940), misionero claretiano sacerdote y periodista chileno. Profesó como claretiano en 1957 y fue ordenado presbítero en 1968. Se tituló de periodista en la Universidad Católica de Santiago de Chile en 1976. Ha escrito numerosos libros entre los que destacan: Evangelizador de dos mundos; La Cruz, el fuego y las banderas; Mariano o la fuerza de Dios; La palabra de Dios no está encadenada; La historia de los claretianos en México, Breves relatos para mantener la calma, Mi espíritu es para todo el mundo