Angel Calvo, cmf.

Confieso que he tenido que redescubrir a Claret a lo largo de mi vida como misionero claretiano. La ilusión de descubrir y vivir una vida de sacerdote misionero ha sido siempre desde el inicio una motivación grande en esta búsqueda. Los misioneros del Corazón de María que venían a mi pueblo a predicar novenas y misiones en aquel entonces en un ambiente religioso muy popular en Castilla, causaban esa impresión de misioneros y atraían mucho a los que nos disponíamos a entrar al seminario. Por otra parte mi hermano José María había ya decidido entrar en el seminario de los Claretianos en la provincia de Bética y se mostraba cada día más satisfecho.

 

Corrían los tiempos de la canonización del Beato Claret y se respiraba en el ambiente el aura de Claret misionero por los caminos de Cataluña y de Canarias, incluso de la isla de Cuba y dentro del seminario se respiraba la euforia de los Claretianos en Roma en las instancias romanas. En el Noviciado y durante los años de formación sacerdotal íbamos descubriendo los rasgos familiares de la familia claretiana con sus características misioneras dentro y fuera de España, América Latina, África y las convulsiones misioneras de China que los Claretianos vivieron tan profundamente.  Vivimos intensamente el Concilio Vaticano II y la apertura teológica que supuso en la Iglesia y la dimensión misionera de la Congregación desde las provincias de España aceptando misiones en todos los  continentes.

 

Aunque mi ilusión era estudiar sociología,  mi primer destino fue la isla de Basilan en Filipinas, lugar de misión de la provincia de Filipinas. La provincia Bética había adquirido el compromiso de enviar un equipo de 6 misioneros que junto al obispo claretiano Mons. José Ma. Querexeta iban a mantener esa misión por un tiempo. La isla de Basilan es una isla riquísima con una producción tropical fabulosa pero la mayoría de los habitantes siguen sufriendo la pobreza debido sobre todo a las injusticias históricas y al conflicto causado por la rebelión musulmana. La población de Basilan sigue siendo hasta ahora de mayoría musulmana compuesta de varias tribus.

 

Comenzamos nuestra misión con mucho entusiasmo guiados por la inspiración del Concilio y del entusiasmo misionero que se vivía en la Congregación. Apenas llegados, al final del mismo año 1972, con la declaración de la Ley Marcial, nos vimos envueltos en una situación de conflicto, violencia y muerte que fue para nosotros, jóvenes misioneros, nuestro bautismo de fuego. No fue fácil para nosotros entender las razones de aquella situación trágica que nos sorprendió nada más llegar. Basilan ha sido, y sigue siendo, uno de los principales focos de esta rebelión del Bangsamoro. Y el resultado inmediato para nosotros era la violencia y el odio entre las dos comunidades de musulmanes y cristianos. Muchas familias cristianas han sido víctimas de la violencia, forzadas a abandonar sus tierras y salir fuera de la isla, muchos han sido asesinados y la mayoría forzados a protegerse con las armas en colaboración con el ejército identificado cada vez más con el gobierno “cristiano” de Manila. También los musulmanes han sufrido las consecuencias de la guerra y la represión de la fuerza militar.

 

Esta situación de guerra y violencia generalizada nos forzó a hacer un análisis serio de la situación y a cuestionarnos nuestra misión específica como claretianos en medio de esa situación de enfrentamiento, prejuicios y odio creciente entre las dos comunidades. Fue un momento crucial de discernimiento, cuál debería ser nuestra misión claretiana en esta situación. Decidimos dejar parte de nuestros compromisos pastorales como parroquias, escuelas, incluso una estación de radio, a otros agentes nativos y dedicarnos directamente al trabajo con grupos musulmanes en las zonas más abandonadas de la isla, la misión del Diálogo de Vida con las comunidades musulmanas. Esta decisión ha marcado nuestra presencia en esta región de Mindanao.

 

Después  de unos años en estos empeños misioneros de hacer camino junto con las comunidades musulmanas en un esfuerzo de diálogo, de liberación de comunidades desplazadas por la guerra, tanto cristianas como musulmanas, tuve que pasar a Roma donde compartí esfuerzos de animación con el Prefecto General de Apostolado sobre todo en la animación de las “Misiones” y de la comisión de Justicia y Paz. En esta labor de animación de las distintas misiones en distintos continentes pude descubrir diversas facetas de Claret que se han desarrollado en la dinámica misionera claretiana, cómo están  viviendo los Claretianos su vivencia misionera en los diversos continentes. Pero sobre todo pude descubrir el Claret TEJEDOR, la importancia que para Claret había tenido la fabricación de tejidos, algo inesperado en nuestra formación.

 

En los últimos años de su vida escribe en su Autobiografía:De cuantas cosas he estudiado y en cuantas me he aplicado durante la vida, ninguna he entendido tanto como la fabricación… Dios me había dado tanta inteligencia en esto, que no tenía más que analizar la muestra cualquiera, que al instante tra(z)aba el telar con todo su aparato, que daba el mismísimo resultado, y aun, si el dueño quería, se hacían mejores”.

 

Claret fue toda su vida un consumado TEJEDOR, un fabricador de tejidos, el experto que analizaba las muestras y sabía ejecutar los  diversos tejidos y aun mejores que las muestras. Cómo combinar los distintos colores para que resultara el tejido del Reino en cada circunstancia. Estudiaba las condiciones de vida, los retos sociales, las necesidades del pueblo combinados con los valores del Evangelio para fabricar el tejido del Reino en esas circunstancias. Así fue toda su vida en todas las empresas que iba realizando como Misionero Apostólico, como Obispo de Cuba, Fundador de los Claretianos, la Academia de San Miguel, y todas las empresas que iba fundando.

 

Unos años más tarde descubrimos por medio de la presentación del P. Carlos Sánchez Miranda, CMF, la dimensión social y liberadora del obispo Claret sobre todo en Cuba.  “Allí se encontró especialmente desafiado por realidades sociales que le exigieron respuestas creativas y audaces que pueden iluminar nuestro actual momento histórico. La realidad de la pobreza social que consumía la mayor parte de la población, mantenida por una política de poder”. La esclavitud y el tráfico de esclavos eran las instituciones sobre las que se asentaban la riqueza y la dictadura, una realidad totalmente diferente de la que él había conocido en Cataluña y en España. Entendimos y procuramos aplicar la pasión del profeta, una pasión unificadora e inspiradora: la caridad de Cristo y el espíritu de martirio.

 

Creemos que fieles al espíritu de Claret vamos consolidando en nuestra misión de Mindanao el enfoque de una acción preferencial por los pobres y necesitados que en nuestros ambientes y comunidades de Basilan y Zamboanga son la mayoría, con una población muy intercultural de musulmanes, cristianos y tribus indígenas. Nuestra misión consiste en acompañar a estos sectores para que se sientan más seguros -el empoderamiento-, libres de las necesidades más básicas, libres del miedo que conlleva el conflicto armado, y  que puedan crecer en la dignidad de ser todos  hermanos, hijos de Dios. Un fundamento básico  de nuestra misión es el diálogo interreligioso, mejor como indica nuestro movimiento de solidaridad para la paz. Parte esencial de nuestra misión de curación de las comunidades heridas es fomentar una Cultura de la Paz que abarque todo los aspectos de la convivencia en una situación conflictiva e intercultural, además de la cultura de la paz con la creación.

P. Angel Calvo, CMF