“El Señor me dijo a mí y a todos estos Misioneros compañeros míos: Non vos estis qui loquimini sed Spiritus Patris vestri, et Matris vestrae qui loquitur in vobis. Por manera que cada uno de nosotros podrá decir: Spiritus Domini super me, propter quod unxit me, evangelizare pauperibus misit me, sanare contritos corde(Aut 687).

EMBAJADORES DE DIOS Y DE MARÍA

El discípulo se hace en la escucha. Claret es discípulo porque sabe escuchar al Señor. Claret desea, además, que todos sus compañeros misioneros sobresalgan por saber escuchar al Señor, por ser verdaderos discípulos.

“Primero Dios”, se dice mucho por Centroamérica. Primero habla Dios. No empieces el día hablando de cualquier cosa; no seas el primero en hablar. Escucha primero al Espíritu que habla dentro de ti. Deja que el Espíritu hable por ti. Claret así lo hace y llegará a ser un buen discípulo misionero.

Ojalá hoy puedas decir con Claret: “El Espíritu del Señor está sobre mí”; es lo primero. Él me guía y me dejo llevar por Él. No seré yo primero el que hable, dejaré que “cada mañana me despierte el oído para que escuche como los iniciados” (Is 50,4). El Espíritu quiere hablarme al corazón; quiero percibirlo, soy discípulo…

Que hoy puedas experimentar con Claret: “El Espíritu del Señor me ha ungido” (Is 61,1). Él es mi fuerza; me dejo impulsar por Él, que me ama y me capacita para ser testigo.

Que en este día puedas sentir con Claret: “El Espíritu del Señor me ha enviado” (ib.). Soy discípulo misionero. No caben ya mis protagonismos; mis planes son trastocados. Se me ha dado una misión, hablo en nombre de Otro. ¡Y de Otra! No olvides el curioso detalle con que Claret modifica (¡enriquece!) el texto bíblico: él se definía como “misionero de María”. También ella tiene que alentar nuestro servicio al evangelio.

Desde el bautismo participamos en la misión de Jesús: evangelizar a los pobres y sanar sus corazones. ¿La vivimos así? ¿Cómo puedo yo llevarla a cabo? ¿Es mi entrega de hoy manifestación de tanto amor como Dios tiene a este mundo?

Tú, Señor, primero me amas, me buscas, me hablas, me perdonas, me envías. Que yo sepa acoger la voz de tu Espíritu; que yo dé voz sonora a su susurro silencioso; que mi hablar vaya siempre precedido por tu sugerir… Sé tú, Señor, siempre el primero.