“Desde un principio me encantó el estilo de Jesucristo en su predicación. ¡Qué semejanzas! ¡Qué parábolas! Yo me propuse imitarle con comparaciones, símiles y estilo sencillo”

(Aut 222).

CON JESÚS COMO MODELO

Hay muchos en la actualidad que prefieren “estar a la moda” a “tener estilo”. No es lo mismo, aunque en el lenguaje coloquial se intercambien las expresiones como si de sinónimos se tratase. No se trata de frases sinónimas sin más.

  • “Estar a la moda” se reduce a mimetizar externamente lo que casi todos, o la gran mayoría, hacen, dicen, piensan o visten. Es una actividad superficial y de poco calado; por eso su existencia es efímera. No hay nada que pase tan velozmente como estar a la moda. Pero su aspecto más sombrío es que implica entreguismo a gustos ajenos, anulación de la personalidad propia, eliminación de lo personal en cuanto distinto y, de resultas, nivelación a la baja.
  • “Tener estilo” es otra cosa. Afecta al ser. Toca fondo. El estilo es ese algo indefinido pero real, que permite mostrar hacia fuera una belleza genuina que tiene su hontanar dentro. El estilo es inconfundiblemente personal. No se repite, aunque se contagie. Es seductor, aunque inimitable. No permite sucedáneos. Y no pierde su elegancia, por más que el tiempo imponga su ley.

Claret fue un “hombre con estilo”. Lo aprendió de Jesús. El Maestro de Nazaret se lo inculcó mucho más que pudieron hacerlo los diseños de telas, a los que Claret se dedicó con pasión y con éxito en su juventud. El estilo de Claret se conformó imitando a Jesús. ¿Qué tiene Jesús que tanto transforma? Desde niño y hasta su sepultura… ¡hasta después incluso!… Claret tuvo estilo. Inconfundiblemente misionero. Estilo que jamás pasará de moda.

Podemos hacer un alto en el camino ante estas palabras. Y hacernos estas preguntas esenciales que solo podremos responder si buscamos la verdad. Cuando miro a Jesús, ¿qué veo? Cuando los demás me miran, ¿qué ven? Las respuestas hablarán, sin lugar a dudas, de “estilo”.