José-Félix Valderrábano, cmf.

Oí hablar por primera vez de San Antonio María Claret en mi casa, siendo yo muy pequeño, pocos años después de su canonización. Mi abuela materna me contaba que en Viladrau, donde ella pasaba algún tiempo de verano en su infancia, la gente del lugar recordaba aún y comentaba con mucha admiración y devoción la actividad apostólica del Santo, sus curaciones y sobre todo el milagro de extinguir un fuego en esa población.

Tuve un primer contacto con los claretianos cuando acompañaba a mi abuela a las antiguas “Gráficas Claret” para comprar libros o devocionarios. Ahí estaba el P. Jordi Pijoán, que siempre nos atendía con mucho afecto. Ahí ella me compró una vida del P. Claret. Lo que más me impresionó, en aquel momento, fue el milagro de la conservación de las especies sacramentales, quizá porque acababa de hacer mi primera comunión.

Poco antes de terminar el bachillerato, mi madre, respetando la voluntad de mi padre, fallecido un año antes, me envió a una colonia de verano que organizaban los claretianos en Le Hutreau, en Angers (Francia), para muchachos franceses. Para mí no había otro objetivo que practicar el francés. Sin embargo, antes de concluir la colonia, llegó el P. Fernando Sebastián para dar un curso a los padres del quinquenio. Me encontraba en un momento de inquietud personal y vocacional; con él hice un primer discernimiento vocacional y me determiné a entrar en la Congregación. Como recuerdo de ese encuentro y de mi decisión de hacerme claretiano, el P. Sebastián me regaló una estampa dedicada con la mascarilla del P. Claret y dos textos sobre él en el reverso, uno de Pio XI al declararle beato y otro de Pio XII con motivo de la canonización que me llevaron a la admiración del santo.

Fue en el noviciado donde tuve ya un primer encuentro personal serio con el Padre Fundador. Creo, no obstante, que fue un encuentro “externo”, de conocimiento fundamental de su vida y de su actividad, basado sobre todo en el estudio de las biografías existentes, la del P. Mariano Aguilar, “Vida admirable del Siervo de Dios P. Antonio María Claret”, y sobre todo la del P. Cristóbal Fernández, “El beato Padre Antonio María Claret”, y en algunos estudios sobre determinados aspectos de la personalidad y la espiritualidad claretiana.

Animado por la recomendación del Concilio de volver a las fuentes carismáticas, me enfrasqué en la lectura de la Autobiografía y busqué profundizar en la vivencia espiritual del Fundador, en sus rasgos más específicos. Conservo todavía el ejemplar editado en 1959 por la BAC, con subrayados al texto, llamadas de atención y referencias a las Constituciones. Fue en los años del estudio de la filosofía. Me marcó mucho la centralidad de Cristo en su espiritualidad y en su afán por imitarle: todas las cosas “las debemos hacer como las hizo Jesucristo” dejó escrito en su Autobiografía (n. 387). Descubrí que en el origen y principio de todas las virtudes que S. Antonio Mª Claret señala como propias del misionero, está Jesucristo, y tiene como única motivación la salvación de las almas. El amor que le impulsaba a imitar y seguir a Jesús le llevaba a entregarse sin reservas a la acción misionera. Para mí en aquellos momentos cobraron mucha fuerza las virtudes de la humildad, la pobreza y la obediencia, que Claret llevó a la práctica en un modo excepcional.  Yo las asumí con empeño, con sinceridad y como principios ascéticos en mi vida espiritual.

El Capítulo de 1967, particularmente en la “Declaración sobre el carisma de San Antonio Mª Claret como Fundador de nuestra Congregación” y en la “Declaración sobre el Patrimonio espiritual de la Congregación”, me ayudó a entender mejor el carisma claretiano y a vivirlo más conscientemente. Concretamente puedo decir que me descubrió el carácter cordimariano del carisma, un aspecto que tenía relegado en mi espiritualidad porque me parecía suficiente la figura de la Virgen, y la imagen del corazón me evocaba un aspecto sensiblero y poco acorde con la mentalidad actual.

Los siguientes Capítulos Generales han ido profundizando y actualizando el carisma del P. Fundador y no sólo han ido orientando mi espiritualidad, sino que me han ido descubriendo la dimensión universal de Claret, tanto desde el punto de vista temporal y geográfico (su carisma se prolonga en el tiempo y se encarna en personas de muy diferentes culturas), así como la importancia de su enseñanza y de su ejemplo, que inspira a tantos a seguirlo como modelo de misioneros, de obispos, personas consagradas y laicos.

Ciertamente haber sido formador y superior provincial me ha favorecido mucho la identificación con el P. Fundador. Por eso considero muy importante la labor que desde el Gobierno General y el CESC se está haciendo para dar a conocer a San Antonio Mª Claret, para profundizar en su carisma y difundir su legado.

José-Félix Valderrábano CMF

Nacimiento: Barcelona el 12 de octubre de 1947

Primera profesión: El Pueyo de Barbastro el 20 de septiembre de 1964

Estudios de filosofía en Segovia y Játiva (1964-1967) y de teología en Salamanca (1967-1971)

Profesión perpetua: Salamanca, 19 de marzo de 1970

Ordenación sacerdotal: Salamanca, 20 de mayo de 1971

Licenciatura en Teología Bíblica y Diplomatura en Psicología: Universidad Pontificia de Salamanca (1971-1973)

Prefecto de estudiantes: Teologado de Salamanca de la Provincia de Aragón (1972-1986)

Consultor Provincial y Prefecto Provincial de formación de la Provincia de Aragón (1980-1986)

Superior Provincial de Aragón: 1986-1997

Presidente de la Confer de Aragón: 1988-1995

Presidente de la Confer Nacional de España: 1995-1997

Secretario General de la Congregación: 1997-2017

Procurador General de la Congregación: 2005-

Superior del Instituto Giuridico Clarettiano: 2017-