«Como Jesucristo se ha valido de los mismos medios para hacernos el bien que Satanás empleó para hacer mal, ha instituido el augusto sacramento bajo las especies de comesti­bles y nos dice en verdad: Comed, y seréis como dioses. Seréis como yo, que soy Dios y hombre» (Carta ascética… al presidente de uno de los coros de la Academia de San Miguel. Barcelona 1862, pp. 29-30; editada en EC II, p. 595).

COMIDA QUE DIVINIZA

Con una cierta flexibilidad en la lectura e interpretación de la Palabra de Dios, Claret pone en los labios de Jesús esta audaz expresión: «Comed, y seréis como dioses. Seréis como yo, que soy Dios y hombre». Parecería osadía, parecería exageración inaudita. Y lo es, en efecto. Pero esto tiene su explicación en otras palabras del Evangelio, a primera vista también muy audaces, por ejemplo, cuando en el encuentro de Jesús con Nicodemo se dice así: «Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo unigénito, para que todos los que crean en Él tengan vida eterna» (Jn 3,16).

Esto se hace realidad en cada creyente en la medida de su acercamiento al pan de vida, que es el sacramento eucarístico, en el que se concentra ese amor de Dios que une a Él día a día, hasta la plena comunión sin velos y sin ocaso en la eternidad feliz.

Pregúntate si tienes conciencia de tu dignidad como cristiano comprometido con Cristo y con el Evangelio; y si realmente creces día tras día en fidelidad, sirviéndote de los medios que Él ha establecido para beneficio nuestro.

Pregúntate si, en tu oración, en tus relaciones familiares y laborales etc. vives tu identidad de cristiano; y si valoras y agradeces la institución por parte del Señor del augusto sacramento que es la Eucaristía, que diviniza nuestras vidashaciendo presente al Señor bajo las «especies sacramentales».