«Oh Virgen y Madre de Dios, yo soy como una saeta puesta en vuestra mano poderosa; arrojadme, madre mía, con toda la fuerza de vuestro brazo, contra el impío, sacrílego y cruel Ajab, casado con la vil Jezabel» (Aut 270).

MARÍA, MUJER VICTORIOSA

«Soy como una saeta en vuestra mano poderosa». Claret utiliza en su oración el símbolo de la flecha, imagen rara vez aplicada a la relación con María. El contexto de esta oración es apocalíptico: se escenifica dentro del combate escatológico entre Dios y las fuerzas del mal, personificadas estas en el perverso Ajab, rey de Israel (1Re 16).

La vocación de Claret mantuvo una vivísima tensión apocalíptica, ya desde su primera infancia. En su ordenación de diácono, en 1834, la ratificó de una forma más nítida: «Cuando el Prelado, en la ordenación, dijo aquellas palabras del Pontifical que son tomadas del Apóstol San Pablo: “No es nuestra lucha solamente contra la carne y la sangre, sino también contra los príncipes y potestades, contra los adalides de estas tinieblas…”, entonces el Señor me dio un claro conocimiento de lo que significaban aquellos demonios…» (Aut 101). Movido por esa convicción, su vida entera no tuvo otro horizonte que el de luchar contra las fuerzas del mal que envenenan a los hombres. Por otra parte, María constituyó, después de Jesucristo el Señor, la persona más amada e importante de su vida. Y, porque ella siempre estuvo asociada a la causa de su Hijo, no es extraño que Claret se sintiese en el apostolado como un instrumento en manos de su madre, María (saeta en su mano).

Tu relación personal con María, ¿te hace sentirte hijo suyo? ¿Te mueve a luchar con todas tus fuerzas contra el mal?