«Siempre profesé mucho amor a todos los viejos y estropeados… Y, cuando podía tener la dicha de conversar con algún anciano, era para mí la mayor satisfacción» (Aut19-20).

VENERACIÓN POR LOS ANCIANOS

En nuestra sociedad, daría la impresión de que solo los jóvenes pueden tener cabida. Los que por edad o discapacidad tienen que ir a un ritmo más lento, o necesitan que se les cuide de forma especial, se ven fácilmente arrinconados. Se considera que están anclados en el pasado, cuando todo tiene que planearse con vistas al futuro.

Ese es el destino trágico de nuestros ancianos, a menudo recluidos en residencias. La riqueza que poseen, que es la sabiduría y la experiencia, no se suelen valorar. Valoramos mucho los conocimientos tecnológicos y muy poco la sabiduría que dan los años; muchas veces quizá se nos escapa el sufrimiento que con frecuencia la ancianidad lleva consigo. Nos olvidamos pronto de lo que hicieron ellos por nosotros.

Claret visitaba con frecuencia los hospitales y asilos y tuvo una predilección muy especial por algunas congregaciones de religiosas que en su tiempo se estaban fundando y que orientaban su actividad principalmente a la atención de los ancianos y menesterosos.

Un signo positivo de la sensibilidad humana de nuestra sociedad es la generalización de las rampas, como alternativa a las clásicas escaleras, para que puedan acceder a determinados lugares quienes están en silla de ruedas, sean ancianos o jóvenes impedidos.

¿Es una satisfacción para nosotros, como lo era para Claret, poder conversar con algún anciano?