«¡Ay Señor y Padre mío, no deseo más que conocer vuestra santísima voluntad para cumplirla, no quiero otra cosa más que amaros con todo fervor y serviros con toda fidelidad!» (Aut136).

PASIÓN POR LA VOLUNTAD DE DIOS

En su piedad personal, Claret abundaba en jaculatorias y expresiones espontáneas de acción de gracias, alabanza y ardientes deseos de conocer y cumplir la voluntad de Dios. Cumplir en todo la voluntad de Dios, su Padre, fue siempre para Claret casi una obsesión. Lo repetía insistentemente en sus propósitos y escritos.

En eso, como en todo, Claret quería imitar fielmente a Jesús. Quiso configurarse con el Jesús que se ocupaba de los asuntos de su Padre Dios (cf. Lc 2,41-49) y el Jesús cuyo «alimento» era cumplir su voluntad (cf. Jn 4,31-34).

Por eso, no puedes dejar de preguntarte qué importancia das tú a conocer y cumplir la voluntad de Dios en tu vida cotidiana. En las diversas encrucijadas de la vida, Claret practicó el «discernimiento», es decir, trató de discernir el proyecto de Dios leyendo la biblia, orando, pidiendo consejo a otros, a veces esperando largamente una luz…

Hoy te dirige a ti esta sugerente pregunta: ¿Has pensado alguna vez lo que sería la vida en nuestra Iglesia si todos los cristianos y cristianas buscásemos y cumpliésemos la voluntad de Dios Padre como Jesús? ¿Has pensado lo que, en tal caso, mejoraría la vida en nuestro mundo para todos los humanos y todas las formas de vida, también para la naturaleza, cuya conservación Él nos ha confiado?

El amor sin egoísmo, en todos y entre todos, es y será siempre la voluntad del Dios de Jesús en nuestras vidas.