«Antes había [en el palacio real de Madrid] muchos convites. En el día [de hoy] son pocos, no más que los indispensables. En este mes había de haber tres, por tres motivos especiales: por ser el santo del príncipe, por ser el santo de la infanta Paz y por otro motivo; pues esos tres convites se pasarán en uno. Yo prefiero que se gaste en limosnas a los pobres que en convites, bailes, etc.» (Aut 771).

AUSTERIDAD DE VIDA Y SOLIDARIDAD

Claret relaciona siempre la austeridad de vida con la solidaridad con los pobres. Él decía: «Me da escrúpulo el gastar para mí recordando que hay necesidades para remediar» (Aut 10; cf. 133).

La solidaridad con los pobres no es optativa para ningún cristiano. Todos hemos de estar de parte de los pobres y de su causa, sin excluir por ello a nadie. La manera más eficiente de estar con los pobres es luchar contra la pobreza. Ahora bien, la lucha contra la pobreza debe desarrollarse en tres frentes: asistencia, promoción y cambio de estructuras. No se trata de tres etapas, sino de tres frentes de lucha simultáneos e igualmente necesarios. Asistencia, promoción y cambio son como tres hermanas que trabajan mejor juntas y no enfrentadas, como se pretende a veces.  La se preocupa de paliar los efectos de la pobreza. La promociónse preocupa de atacar las causas de la pobreza; concretamente, aquellas que radican en el mismo individuo. El cambio de estructuras se preocupa de las causas de la pobreza que no radican en el individuo, sino en la sociedad. Es tarea, sobre todo, del compromiso político, tan propio de la misión del seglar en el mundo.

Nadie se puede excusar de la lucha contra la pobreza. ¿Qué podemos hacer en cada una de esas formas de combatir la pobreza?