¿Qué aspectos de Claret son para mí un reto y un estímulo como misionero claretiano en Japón?

Mi nombre es Marcel·lí Fonts.  Me formé en la Provincia de Cataluña. Fui ordenado sacerdote el 8 de Agosto de 1971. En 1973 fui destinado a Japón. Durante los 45 años de mi servicio misionero en Japón he desempeñado varios ministerios y cargos, pero sobre todo he dedicado muchos años a la formación de nuestros seminaristas, colaborando también en varios centros de formación en Asia.

Como se pueden imaginar, al llegar al Japón tuve que recomenzar prácticamente de cero mi formación misionera, empezando por el aprendizaje de la lengua. La lengua, la sociedad y la cultura japonesas eran totalmente desconocidas para mí.

Como misionero claretiano, me siento sobre todo servidor de la Palabra. Esta mi identidad claretiana fue desde mi llegada al Japón el reto y estímulo principal en el estudio y el aprendizaje de la lengua y de la cultura japonesas.

La Palabra de Dios no es una Palabra inmutable, eterna, sino una Palabra Encarnada, que para poder ser anunciadora del Evangelio de Jesús se ha de inculturar en el lugar donde se proclama. Esto requiere un largo y contínuo proceso de aprendizaje y de inculturación.

Como misionero claretiano en Japón hay dos aspectos de Claret que me han motivado y estimulado: su intuición sobre la importancia de la palabra humana y de la Palabra de Dios para llegar a ser lo que estamos llamados a ser como personas humanas y como cristianos, y la manera de proclamar la Palabra, característica en Claret, como predicador apostólico, es decir, en medio de la gente y desde la gente. Por ello Claret fue un predicador que tuvo un impacto tan grande en la gente a la que anunció el evangelio.

En la Autobiografía, (Aut. 449-452) Claret nos habla de su intuición sobre la importancia de la palabra para que el ser humano pueda llegar a su destino. Es desde esta perspectiva que sitúa el ministerio de la Palabra como predicación de la Palabra de Dios ..

En relación a la predicación, escribe que intentó predicar siempre al estilo de Jesús. El estilo de la predicación de Jesús lo resume en estas dos palabras “sencillez y claridad” (Aut. 297).

Una de mis inquietudes desde que llegué a Japón y empecé a estudiar la lengua japonesa, fue la de transmitir el mensaje evangélico en un lenguaje comprensible, no sólo para los católicos que vienen a la iglesia sino sobre todo en aquellas ocasiones que pueda tener para transmitir el mensaje evangélico a aquellas personas que no son cristianas.

Este ha sido uno de los retos que me he propuesto en mi labor misionera aquí en Japón.

Por eso el proceso de aprendizaje de la lengua y de la cultura japonesa ha sido para mí y sigue siendo un proceso de aprendizaje continuo, que aún no ha terminado, si bien con la edad he ido perdiendo capacidad para retener lo que aprendo y más bien voy olvidando muchas cosas de las aprendidas. Pero he tratado de conservar siempre un espíritu abierto a las nuevas situaciones y realidades.

En el proceso de aprendizaje de la lengua japonesa, que tiene lugar más que en los libros, en la vida y en el contacto con la gente, he mirado de ir encontrando aquellas expresiones que usa la gente que sean más apropiadas para transmitir el mensaje evangélico. En este sentido me maravilla la riqueza y la profundidad que tiene en el lenguaje y la cultura japonesa la palabra “corazón”.

Muchas veces en el modo de predicar o enseñar el catecismo usamos expresiones de la tradición eclesiástica, en teología y en liturgia, traducidas más o menos literalmente por fidelidad a la ortodoxia, pero que para la mayoría de los japoneses son parte de una cultura que les resulta muy extraña, y no aprovechamos suficientemente toda la riqueza que hay en la cultura y la tradición japonesa para transmitir el mensaje de Jesús.

El ejemplo de Claret ha sido para mí un reto y un estímulo en este sentido. Y debo decir por experiencia personal que el lenguaje de los evangelios es mucho más cercano al corazón de los japoneses que la mayoría de libros de teología y espiritualidad, que se han inspirado en una tradición como la filosofía griega y la escolástica totalmente ajena a la tradición japonesa.

El espíritu de Claret en la proclamación de la Palabra es lo que me ha inspirado y apremiado en mi tarea misionera en Japón.

 

Marcel·lí Fonts, cmf.

Nagoya, 19 de Marzo de 2019.