«De los ahorros que tengo en esta le podré enviar alguna cosa; cuando nos llegue este caso de enviar nos valdremos de D. Lorenzo a fin de que mi nombre no suene en materias de dinero» (Carta al P. José Xifré, 12 de diciembre de 1867, en EC II, p. 1.229).

DISCRECIÓN EN LA GENEROSIDAD

El dinero es un elemento importante en la vida, que nos permite atender las propias necesidades y las ajenas. Jesús no estuvo en contra del dinero; Él y su grupo de discípulos tenían su economía común, apoyada a veces por simpatizantes acomodados (cf. Lc 8,3).

Lo que Jesús critica es la idolatría del dinero, es decir, el vivir obsesionados por él (cf. Mt 6,19-21.24-34). El ideal de la comunidad primitiva de Jerusalén no fue el no tener, sino el compartir, de modo que a nadie faltase lo necesario (cf. Hch 2,44-45; 4,32-37). El cristiano no está en contra de los bienes, sino de las injusticias, desequilibrios, corrupciones… Los creyentes no estamos a favor de la pobreza, sino de los pobres, y con el deseo de ayudarlos a superar esa situación.

Claret ¿manejó dinero? Ciertamente, no hay por qué disimularlo. Sus cargos y encomiendas en la época de Madrid (siendo confesor real y arzobispo dimisionario de Cuba) le proporcionaban ingresos más que suficientes para su sustento. Pero él llevó una vida muy austera e incluso gustó de atender caritativamente a otras personas e instituciones. Sin embargo, dada su posición, era inevitable que estuviese en el punto de mira de los malintencionados que difundieron bulos sobre sus «riquezas». Fue otra de las formas de persecución. Por ello, discretamente, prefiere que su economía esté en manos de otros y así su misión apostólica no quede enturbiada.

¿Qué papel juegan el dinero, y en general los bienes materiales, en mi vida?