«Mejor es hacer menos con paciencia, mansedumbre y amabilidad que hacer más con precipitación, ira, enfado y regañando; pues que las gentes, al ver este modo de proceder, se escandalizan y se retraen» (Aut 784).

ACTITUDES QUE EVANGELIZAN

Claret da mucha importancia a las virtudes de los misioneros, consciente de que evangelizan más con ellas que con sus sermones. Entre ellas resalta sobre todo el amor, que es la fuente que da vida a todas las demás virtudes. De él brotan esas actitudes que deben caracterizar al misionero y a todo cristiano, como la paciencia, la amabilidad y todo lo que contribuye al buen entendimiento entre las personas. Por otro lado, sabemos muy bien el daño que hacen los malos modales a quienes se acercan a nosotros esperando que las acojamos y las tratemos bien.

San Pablo recomienda a los cristianos una serie de actitudes muy importantes para la vida de la comunidad y para su testimonio: «Sed humildes y amables, tened paciencia y soportaos unos a otros con amor, esforzaos por mantener la unidad del espíritu con el vínculo de la paz» (Ef 4,1-3). «No hagáis nada por ambición o vanagloria, antes con humildad estimad a los otros como superiores a vosotros mismos. Nadie busque su interés, sino el de los demás» (Flp 2,3-4).

Claret, por su parte, desde su experiencia evangelizadora, recomienda vivamente el proceder con paciencia, mansedumbre y amabilidad, y, por el contrario, exhorta a evitar los comportamientos iracundos, que espantan a los demás.

¿Qué importancia damos al modo de tratar a las personas? ¿Justificamos los malos modos o las actitudes hoscas bajo cualquier pretexto?