«Con la ropa de mi uso se llevaron también la Biblia que yo había traído; la pedí y me dijeron: “Bien”; pero la Biblia jamás la vi hasta que tuve que salir por enfermo, que entonces me la devolvieron» (Aut151).

UNA PRUEBA SINGULAR

¿Por qué le quitaron su biblia a Claret en el noviciado de los jesuitas en Roma? Entró en el noviciado siendo ya sacerdote, y llevaba consigo su biblia personal, de tamaño reducido y letra pequeña, que él leía todos los días. Pero los jóvenes novicios no tenían biblia personal. Sería notorio el aprecio de Claret por su biblia, y el superior o el formador suprimieron esa «singularidad». Sometían a los novicios a «pruebas» de obediencia, vida común y desprendimiento personal. Y cuenta Claret que le dolió encontrar en su celda «todos los libros que necesitaba, menos la Biblia»…

Esta privación de la biblia dejó honda huella en Claret, pues lo sigue recordando al cabo de los años, cuando redacta la Autobiografía. Quizá con ello Claret enseña algo más que su amor a la Palabra de Dios: el despojamiento a que se sometió mientras discernía su vocación en la Iglesia. Seguramente le sucedió como a ciertos santos a quienes Dios mismo, de vez en cuando, se «ocultaba», conduciéndolos –por la sequedad del desierto– a una mayor purificación interior.

¿Por qué Claret tenía en tanto aprecio la biblia? Porque en su lectura buscaba apasionadamente a Jesús; y a los profetas que lo anunciaron; y a los apóstoles que le siguieron.Es que la persona y la causa de Jesús es el corazón de toda la biblia. Así se entiende aquello de que «ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo», que dijera san Jerónimo. Luego es oportuno preguntarnos: cuando nosotros tomamos en nuestras manos la biblia, ¿qué buscamos en ella? ¿Encontramos de verdad a Cristo?