«Demos gracias a Dios: ya el Señor y su Santísima Madre se han dignado aceptar las primicias de los mártires. Yo deseaba muchísimo ser el primer mártir de la Congregación, pero no he sido digno, otro me ha ganado la mano. Doy el parabién al mártir y santo Crusats y felicito al Sr. Reixach por la suerte que ha tenido de ser herido, y también doy mil parabienes a todos los de la Congregación» (Carta al P. José Xifré, 7 de octubre de 1868, en EC II, pp. 1.297-1.298).

LA GLORIA DEL MARTIRIO

Todo discípulo de Cristo tiene que contar con la posibilidad del martirio. De hecho la comunidad de Jesús, desde sus albores hasta hoy, ha vivido la realidad del martirio en no pocos de sus miembros. Y es de prever que así continuará siendo en el futuro.

Francisco Crusats en 1868 murió mártir en La Selva del Camp (España). Es considerado el protomártir de la Congregación claretiana. Claret suspiraba por acabar sus días derramando su sangre por Cristo. Al final murió de enfermedad en el exilio (que ya es una especie de martirio); pero, a lo largo de su vida sufrió varios atentados, y en uno de ellos, que tuvo lugar en la ciudad de Holguín (Cuba), fue herido gravemente. Derramó, por tanto, efectivamente su sangre por Cristo.

A lo largo de su historia, la Congregación Claretiana ha tenido centenares de mártires. Por citar el caso más representativo: en la guerra civil española (1936-1939) fue la institución religiosa con mayor número de mártires: 271; entre ellos, los beatos mártires de Barbastro. Pero ha habido otros en diversos países, lo que constituye un gran estímulo que debe animar nuestra fidelidad, la de todo el pueblo cristiano.

Interesante la historia de los 51 mártires claretianos de Barbastro. ¿La conoces?