«Jesucristo […] a las tenebrosas invenciones del genio del error ha opuesto el sol de la fe católica, el santísimo Sacramento, que por antonomasia se llama misterio de fe, en que está real y verdaderamente Jesucristo, luz verdadera que alumbra a todo hombre de buena voluntad para levantarse más alto que las vanas ideas del mundo y hacer progresos en el conocimiento y en el amor del supremo Bien»(Carta ascética… al presidente de uno de los coros de la Academia de San Miguel. Barcelona 1862, p. 26; editada en EC II, p. 593).

CRISTO, VERDADERA LUZ DEL MUNDO

Cada mañana alabamos, bendecimos y damos gracias a Dios por el sol que nos alumbrará hasta el ocaso. En la vida espiritual –nos dice Claret con palabras llenas de sencillez– el sol que más y mejor ilumina es la eucaristía, donde Jesús está como «sol de la fe católica», como «luz verdadera que alumbra a todo hombre de buena voluntad», y nos conduce al amor verdadero que nunca muere; ese es el pan vivo que nos vivifica y nos va llevando, lentamente, a la plenitud de la vida, a la unión íntima con Dios y con todo lo que gira en torno a Él: la Iglesia, la familia, los hermanos cercanos y lejanos, y los más pobres y necesitados.

La Eucaristía es gozo y paz, alegría y esperanza, es comunión con Dios y con los hermanos. Si ese sol irradia sobre tu corazón, todo será límpido y puro en tu vida cotidiana. Nada temerás. Aplícate estas palabras de san Pablo: «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Rm 8,31); «¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?» (Rm 8,35).

¿Tienes tú un parecido con la fe de san Pablo y de Claret?