«Amar a los que nos favorecen, sirven y consuelan es cosa fácil y que no requiere virtud alguna; pero amar, servir y acariciar a los que nos ofenden y son molestos, sin otro motivo que por ser agradable a Dios, es amor verdaderamente sobrenatural; esto es amarlos en Dios y solo por Dios, dice San Francisco de Sales» (Carta ascética… al presidente de uno de los coros de la Academia de San Miguel. Barcelona 1862, p. 9; editada en EC II, p. 583).

PERDÓN A LOS ENEMIGOS

Normalmente consideramos amigos a los que nos quieren bien. ¿Quién no es agradecido y bondadoso con quien le favorece? Ahora bien, eso lo hacen hasta los paganos, dice Jesús. Y por otro lado, a todos nos parece normal que quien comete un delito pague, y que pague en la medida proporcional al daño causado. Es, en el fondo, el «ojo por ojo y diente por diente». Parece lo justo, según la justicia humana.

La enseñanza de Jesús va más allá. Dice a sus discípulos: «Amad a vuestros enemigos, rezad por los que os persiguen» (Mt 5,44). Pero ¿es posible? ¿Cómo puedo controlar mis sentimientos contra quien me hiere o ante quien me ha arruinado la vida? Difícil, ciertamente. Pero es que Jesús no habla de «sentimientos de amor», sino de amor verdadero. Lo que significa no abdicar del amor, no perder la dignidad por el odio o el resentimiento, no envenenar el corazón.

Ese es el comportamiento de Dios, que concede la lluvia a justos y pecadores, porque es Padre bueno. Y el ejemplo de Jesús es claro: no solo predica, sino que vive y expresa su amor perdonando y dando la vidapor todos, incluso por sus verdugos.

¿Has pensado alguna vez sobre tus reacciones ante quien te ha perjudicado o te sigue perjudicando? ¿Te has puesto a su nivel devolviendo mal por mal?