«La ignorancia en materia de Religión es hoy en día mucha, casi general; y lo peor es que son muchísimos los que se complacen en ella. Prefieren las tinieblas a la luz; más quieren los vicios que las virtudes, y engolosinados por los deleites groseros que tienen a la vista, no hacen caso ni quieren hacerlo de los goces del cielo que el Señor les tiene prometidos y preparados si creen y obran como él les manda» (El ferrocarril. Barcelona 1857, p. 79).

PREFERIR LA LUZ A LAS TINIEBLAS

«¡Déjame en paz, que no me quiero salvar, que en el infierno no estoy tan mal!», decía la letra de una canción… ¡Qué diría hoy Claret, si ya en su tiempo le escandalizaba la ignorancia en materia religiosa! Una ignorancia en la que –como él insinúa– hay mucha irresponsabilidad y deliberación. Pero también es verdad que esa actitud tiene que ver a menudo con la incoherencia y el mal ejemplo de los bautizados.

La evolución de muchas sociedades ha ido permitiendo que cada uno pueda elegir con quién hacer el camino de la vida. Llegamos a la conclusión de que hay compañías que nos sobran. Otras, sin embargo, nos atraen intensamente. Recordamos a menudo que Jesús nos invitó a ser sencillos como las palomas; pero olvidamos tal vez que nos exhortó también a cultivar la astucia de las serpientes.

Prefiramos siempre la luz a las tinieblas. Tratemos de combatir la ignorancia en materia de religión. Ayudemos a la gente a ser responsable de sus actos, a asumir las consecuencias de decir sí o no a la Palabra de Dios. Iluminemos con nuestro ejemplo a aquellas personas que se encuentran alejadas de la fe.

¿Qué reacción provoca en ti la opción de tantas personas por la increencia, el desinterés por lo religioso? ¿Qué ofreces a quienes no comparten nuestra fe?