«Me ocuparé en alabanzas de Dios, de María Santísima y de los santos, como son oraciones y devociones, y procuraré exhortar al prójimo en la virtud» (Explicación de la paloma, Barcelona 1848, p. 24).

ORACIÓN CONSTANTE

Nos separa más de un siglo. Parece increíble que Claret percibiera, ya en su tiempo, los ritmos de vida trepidantes del hombre moderno. De ahí su empeño en alumbrar materiales e iniciativas para sostener espiritualmente a los cristianos en medio del frenesí cotidiano.

Hoy nos enviamos mensajes breves por ordenador y por teléfono móvil. Los genios de la publicidad buscan expresiones que impacten y se graben bien. Claret –muy intuitivo– une sus mensajes a un dibujo para facilitar su comprensión, y los ordena de modo que a cada uno le siguen dos o tres consejos prácticos. Por si fuera poco, propone ideas breves a las que volver dos o tres veces al día y pone ejemplos ilustrativos.

Claret propone tres claves, a modo de examen particular: lo que se dice, lo que se hace, lo que se sufre. E invita a hacer algunas oraciones breves –«jaculatorias»– que nos mantengan en diálogo constante con el Señor. Y sugiere que cabe repartir esas oraciones durante el día: al iniciar la jornada, al concluirla, al desplazarse, al sentarse a comer, al iniciar o acabar una tarea…

A los hombres y mujeres del siglo xxi nos haría bien tener en cuenta estas sugerencias de Claret.

¿Hay algo de esto en tu vida? ¿Tienes algún hábito que te permita sentir cerca a Dios durante la jornada? ¿Haces algo para que Él pueda hablarte?

]]>