«Me ofrezco gustoso a Jesús, por si se quiere valer de mí…, bien entendido que los honores y alabanzas que me tributen, pensaré que no son para mí […], sino para Jesús, cuya dignidad, aunque indigno, llevo»

(Aut 669).

SENCILLOS INSTRUMENTOS DE DIOS

Sufrimos un gran engaño cuando nos subimos a un estrado para mirar por encima a los demás, creyéndonos las alabanzas o reconocimientos que nos tributan, sin pasarlos por la criba de la humildad. Es prudente acertar en la valoración de la opinión ajena, pero es insensato creer todo lo que se dice cuando nos ensalzan. ¡Tantas veces se cumple el viejo refrán: «No por ti sino por el pan, mueve la cola el can!».

El papa Pío XII, con ocasión de su canonización (el 7 de mayo de 1950), afirmó Claret: «Pudo ser humilde de origen y glorioso a los ojos del mundo. De apariencia modesta, pero capacísimo de imponer respeto incluso a los grandes de la tierra».

En efecto, Claret fue elevado a una posición diríamos «social» que muchos eclesiásticos considerarían como un privilegio: junto a los grandes de la tierra, en proximidad a los reyes de la nación, con enorme influencia en el nombramiento de eclesiásticos, gestionando grandes instituciones (por ejemplo, El Escorial). Pero él no lo veía así. Nunca lo buscó; más bien lo rehuyó. Reiteradas veces intentó sacudirse de encima tan pesada carga… Con frecuencia aclamado por las multitudes, con frecuencia también calumniado y perseguido, mantenía un espíritu humilde y ecuánime. Las alabanzas las atribuía a Jesús, al que portaba en todo su actuar misionero.

¿Tú buscas protagonismo o más bien eres instrumento de Dios mediante las actividades que realizas, y a través de tus relaciones con la gente, en la familia, etc.?