«La oración es para el hombre lo que el alma para el cuerpo y lo que el agua para la tierra […] es la llave del cielo […] es para el hombre lo que las armas para el soldado, y así como el soldado sin arma está perdido, así también el cristiano sin el arma santa de la oración» (Diálogos sobre la oración, en T. De Villacastín, Manual de Ejercicios Espirituales. Barcelona 1864; p. 13).

NO PODEMOS VIVIR SIN ORACIÓN

Claret tuvo un don singular para saber seleccionar lo ideado por otros. No tuvo interés en ser original, sino en poner al servicio de todos aquellas ideas o materiales que consideraba útiles para anunciar el Evangelio.

Así, aunque las comparaciones que leemos en Claret no sean originales, sí que transmiten,en efecto, lo que el santo quiere que se entienda. Por ejemplo: la convicción de que no podemos vivir sin oración.

El paso de los años nos enseña que hay sustancias que nuestro organismo necesita y cuya ausencia –sin llamar especialmente la atención– provoca alteraciones, enfermedades, molestias… Nos encontramos mal y los médicos detectan la falta de una vitamina (de hierro, de sodio, de potasio…). Su ausencia nos ha ido minando silenciosamente la salud, sin ruido, pero sus efectos han llegado.

Algo así acontece con la oración. Su presencia no es ruidosa, muchas veces no es visible, pero su ausencia enciende las alarmas. La tierra no puede vivir sin agua (¡el ser humano tampoco!); el soldado «está perdido» –como señala Claret– si se le priva de sus armas; nosotros no llegaremos muy lejos sin oración.

¿Hablas de oración o te dedicas a orar? ¿Tienes experiencia de los efectos de su ausencia en tu vida? ¿Te dejas llevar o buscas momentos expresos para orar?