«Debemos amar a María y ser sus verdaderos devotos, porque la devoción a María Santísima es un medio poderosísimo para alcanzar la salvación»

(Carta a un devoto del Corazón de María, en EC II, p. 1.504).

AMOR A MARÍA,MEDIANERA DE LA SALVACIÓN

A Claret, ya desde niño, le quitaba el sueño el pensar en los pecadores que corrían peligro de condenación. Ese sentimiento creció como un torrente y fue el motor de su ardor apostólico. Pero no cayó en la desviación de presentar a María como un contrapeso a la justicia de Dios, como si fuese la “salvadora” en vez de su Hijo Jesús.

La misericordia preside la historia de la salvación: la misericordia divina se hace visible en la persona de Jesús. Y ha querido hacerla visible también en la ternura maternal de su madre. Y es que nadie como Él sabe qué corazón ha dado a sus criaturas; y por eso nos ha dado a su Madre, para que fuese también nuestra. Pero quede claro que la misericordia que pedimos a María («vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos») no es otra que el reflejo que brilla sobre el mar infinito de la misericordia de la Trinidad.

Es Dios en su amor el que ha creado esta criatura excepcional que es María virgen y madre. María se ha impregnado tanto de la misericordia divina que se ha «misericordializado». No es una puerta de escape ante la justicia divina, sino que es la misericordia divina que recala en el corazón de María y lo rebosa, para regar y fecundar la aridez del corazón humano.

¿Amas de verdad a María? ¿Reconoces, agradeces y dejas que ejerza en ti su función materna de mediación eficiente ante la única mediación de su Hijo Jesús?