«Durante la primera visita y misión tuvimos el cuidado de contar lo que distribuimos, y hallamos haber dado 98.217 libros, que dábamos gratis o cambiamos por otros libros malos que nos presentaban con este fin […]. Todo sea para la mayor gloria de Dios y bien de las almas que Jesucristo redimió» (Aut545).

LO QUE HABÉIS RECIBIDO GRATIS, DADLO GRATIS

El párrafo relata la ingente cantidad de libros y otros objetos religiosos que el arzobispo de Santiago de Cuba iba repartiendo gratuitamente durante sus visitas pastorales. Todo para la mayor gloria de Dios y el bien de aquellas personas.

La gratuidad es una experiencia que hoy pareciera estar faltando. Muchas voces amables aparecen en nuestras líneas telefónicas invitándonos a adherirnos a todo tipo de ofertas tentadoras. Pero detrás de cada oferta hay mucho interés económico.

Por otra parte, cuando alguien se acerca a nuestras vidas en plan solidario, nos cuesta confiar, porque reina un clima generalizado de desconfianza. Sospechamos que pretenden darnos el timo. No obstante, el panorama no es tan sombrío, porque hay numerosas organizaciones humanitarias y religiosas que prestan servicios gratuitos e intentan crear una forma alternativa de relaciones sociales.

Claret nos habla de su evangelización por medio del reparto de millares de libros, folletos, opúsculos y estampas, reparto siempre gratuito, elocuente signo de que la «política de servicio al Reino» es diferente.

Ante el ejemplo de Claret y de las actuales organizaciones humanitarias existentes sin afán de lucro, queda la invitación a reforzar una cultura de la solidaridad y a poner todo lo mejor de cada uno y de cada comunidad para el servicio evangelizador.