«Estos diez preceptos [de la ley de Dios] son como otras tantas ramas, procedentes de dos ramas principales, que son amor de Dios y amor del prójimo, nutridas ambas por el tronco común que es el Amor. Es tan natural y necesario al hombre, que sin él no se puede vivir» (El ferrocarril. Barcelona 1857, p. 68).

NACIDOS PARA AMAR

Este texto de Claret pertenece a una de sus tres obras que llevan El ferrocarril como título. Cuando escribió la primera no habían pasado diez años de la inauguración de la primera línea ferroviaria española. Claret opta por un lenguaje inteligible y actual. Compara la sociedad con un tren: contagiará felicidad si sabe ir por su sitio, acarreará desgracias si descarrila. Claret huye del discurso largo y pesado y articula esta obrita en el diálogo que mantienen tres viajeros (D. Juan, D. Prudencio y D. José). Hasta la forma de publicación es sugerente: formato de librito; y la obra apareció también en los periódicos, por entregas.

Además, el santo va a lo concreto; en esta obrita nos dice que ser felices y amar se dan la mano; así lo demuestra el mismo título: El ferrocarril o sea medios para conseguir la felicidad y evitar la infelicidad o desgracia. Todos buscamos la felicidad. En efecto, la experiencia nos dice que la felicidad la encontramos en el sentirnos amados y poder amar, porque así nos ha hecho Dios, que es Amor (cf. 1Jn 4,8.16). Esto no quiere decir que amar sea siempre fácil, pero sí que es lo único que nos puede llenar de felicidad, según el plan de Dios.

¿Tú eres feliz? ¿Encuentras tu felicidad en amar y sentirte amado por Dios y por los hermanos? «Dios ama al que da con alegría» (2Cor 9,7). O, como dijo el Señor: «Hay más felicidad en dar que en recibir» (Hch 20,35).