«Jesucristo fue bajado de la cruz. Y nos enseñó cómo gusta de ser desclavado por medio de una buena confesión, porque el que peca le clava, y el que se confiesa bien, le desclava» (Reloj de la pasión, en EE p. 200).

DESCLAVEMOS A JESÚS

En este texto, Claret habla del primer efecto del sacramento de la reconciliación: desclavar a Jesús. Este nos arranca de una vida al margen de Él. El regreso del hijo pródigo dio lugar a una fiesta (cf. Lc 15,32). La vocación de Leví es seguida de un gozoso banquete (cf. Lc 5,29). La entrada de Jesús en casa de Zaqueo, celebrada también con un banquete, cambia el corazón de Zaqueo (cf. Lc 19,1-10). La renovación del corazón es lo que Jesús esperaría de quienes contemplan sus milagros (cf. Mt 11, 20s), renovación que alegra el corazón del mismo Dios.

En la espiritualidad de Claret juegan un papel relevante el dolor de Dios por el pecado, el «Dios injuriado» (Aut 16), y el Hijo maltratado y crucificado por el pecador (cf. Aut 17). El trabajo de Claret por la conversión de todos (cf. Aut 233) es también por «alegrar» el corazón de Dios.

El sacramento del perdón restaura la relación del hombre con Dios. El penitente acepta su pecado, reconoce su menosprecio del amor de Dios y se sitúa de nuevo en el radio de acción de su ternura. En este sacramento se «celebra» la generosa misericordia del Padre y la compasión de Jesús. Y esta experiencia conduce, de la forma más natural, a un nuevo género de vida, a un compromiso de amor.

¿Somos conscientes del daño que nos hacemos al emprender caminos opuestos al plan de Dios? ¿Cómo vives el sacramento de la reconciliación? ¿Es una experiencia de crecimiento en tu opción evangélica? ¿Alguna vez te lo ha devaluado la rutina?