«Todos los cristianos de los primeros tiempos de la Iglesia eran tan ejemplares, que Tertuliano vino a llamarles Compendio del Evangelio; es decir, en su conducta se revelaba, compendiado y puesto en práctica, el mismo Evangelio» (L’egoismo vinto. Roma 1869, p. 74. Retrotraducido en EE p. 427).

EVANGELIO ENCARNADO EN LA VIDA

Todos los cristianos, pero con mayor razón –se comprende– los sacerdotes, deberíamos serun «compendio viviente del Evangelio». No siempre esasí. Con alguna frecuencia nos lamentamos de ese fallo: las deficiencias de los cristianos y,en particular, de los ministros de la Iglesia.

Ahora bien, en tiempos de Claret la situación de los clérigos era más lamentable aún. Por ello, él mismo, con sentido crítico,escribió estas duras palabras al respecto: «Metidos en las intrigas políticas y hechos unos egoístas y traficantes, se olvidan completamente de las palabras de su divino Maestro […]. No predican el Evangelio y se ocupan incesantemente en los intereses de los partidos políticos…» (Aut 730-731).

Contrastaba esta conducta de aquellos sacerdotes con el estilo de vida personal deClaret–era reconocido como un santo por unos, a la par que era calumniado por otros– y con su manera de concebir la predicación: «El estilo que me propuse desde el principio fue el del santo Evangelio: sencillez y claridad» (Aut 297).

Hoy la palabra de Claret podría ser una invitación a todos –clérigos y laicos–a vivir más conforme al Evangelio; una recomendación apremiante a convertirnos en auténtico «compendio del Evangelio», tal como de los cristianos de los primeros tiempos de la Iglesia hablaba Tertuliano.