«La verdadera paz del corazón no se halla en el retiro o abstracción de las ocupaciones en que Dios quiere emplear a sus siervos» (Carta ascética… al presidente de uno de los coros de la Academia de San Miguel. Barcelona 1862, p. 20; editada en EC II, pp. 589-590).

PAZ EN LA FATIGA DE LA ENTREGA

La«paz del corazón»esla posesión de una serenidad personal, una armonía interior. Alude a un estado psíquico. Pero desde el punto de vista cristiano,la auténtica paz es la que nos ha merecido Jesús al reconciliarnos con Dios por medio de su sacrificio en la cruz. Y esa paz no queda solo en el interior. Se contagia a los hermanos.

La verdadera paz es un don de Dios. Como todo don es algo gratuito que hay que cuidar, alimentar y proteger. Hay quienes creen que, para lograrlo, es necesario dedicarse a interminables rezos, o aislarse… Pero, en realidad, no puede haber paz con Dios mientras no se haga la paz entre los hermanos, mientras no se promueva y se haga el bien a quien lo necesita. San Vicente de Paúl decía a sus discípulas, las Hijas de la Caridad: «No tengáis ningún escrúpulo ni remordimiento de conciencia si, por prestar algún servicio a los pobres, habéis dejado la oración; salir de la presencia de Dios por alguna de las causas enumeradas no es ningún desprecio a Dios, ya que es por Él por quien lo hacemos».

Si en mi vida omito la atención al otro, queriendo ser solo«piadoso»,estoy equivocado. El Señor me invita a entregarme al servicio desinteresado a los demás.

¿Tu oración, tu meditación de la Palabra, te encierra en ti mismo o te lleva a interesarte por los demás, a atenderles en sus necesidades? Cuando oras, ¿procuras llevar ante el Señor los problemas del mundo, de las personas concretas con quienes vives?