«El Corazón de María fue Templo del Espíritu Santo y más que templo, pues de la purísima sangre de ese Corazón formó el Espíritu santo la Humanidad Santísima en las purísimas y virginales entrañas de María en el gran misterio de la Encarnación» (Carta a un devoto del Corazón de María, en EC II, p. 1.500).

CORAZÓN DE MARÍA, TEMPLO DEL ESPÍRITU

Todos los títulos marianos quieren poner de relieve, desde diversas perspectivas, el papel relevante de María en el misterio de la Encarnación del Verbo. En ella –«Madre de Dios»– se origina la salvación, la verdadera felicidad de la humanidad.

Claret ve en el título e icono del “Corazón de María” la síntesis de todos los títulos marianos. Y, así, explica a partir de ese Corazón la formación de la humanidad de Jesús, como comienzo del gran misterio de amor que es el plan divino de la salvación. Y, al símbolo del Corazón, añade otro símbolo: el de “Templo del Espíritu Santo”. Pero subraya que incluso este símbolo es insuficiente, por eso afirma que el Corazón de María es “más que templo”…

En el fondo, la convicción de Claret es que en el símbolo «Corazón de María» está la síntesis de todas las advocaciones que se cantan en el mundo entero. Pero, sobre todo, es seguro que los momentos cumbres o misterios de la vida de la humilde nazarena nacen y cobran todo su profundo sentido de la fuerza y del amor que brota de su corazón. Como dice el concilio Vaticano II, «al abrazar de todo corazón… la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y obra de su Hijo…» (LG 56).

¡Qué perspectivas tan profundas se nos abren al contemplar a María, Madre de Jesús y nuestra, pero también primera peregrina en la fe y la más perfecta discípula!