«Yo muchas y muchas veces cada día le pido a Jesús que me dé a conocer qué es lo que quiere que se haga respecto de nuestro proyecto, porque estoy pronto para trabajar y morir por su amor. Algunas veces me ha dicho interiormente que todavía no era hora, lo he consultado a personas celosas y de toda mi confianza y me dicen lo mismo» (Carta a la M. Antonia París, 2 de diciembre de 1864, en EC II, p. 838).

DISCERNIR LA VOLUNTAD DE DIOS

La pregunta de Saulo en el camino de Damasco: «Señor, ¿qué quieres que haga?» (Hch 22,10) se repite en muchas encrucijadas de la vida. Claret se la formuló cuando, en plena juventud, vio cuestionado su posible éxito en la fabricación textil: «Me hallé como Saulo por el camino de Damasco; me faltaba un Ananías que me dijese lo que había de hacer» (Aut 69). Tal situación se le repitió en otros momentos cruciales: al lanzarse a la predicación itinerante, al ser nombrado arzobispo, etc.

En esos momentos, Claret recurre a la oración y a la escucha atenta de la Palabra de Dios. Lo consulta a personas de su confianza y reflexiona concienzudamente sobre los pareceres que le ofrecen… Solo así verá con mayor claridad la voluntad de Dios.

Este proceso se llama hoy discernimiento. Supone la convicción de que no logro lo más noble cediendo al impulso espontáneo, sino reflexionando, intentando descubrir, con las mediaciones a mi alcance, qué es lo que Dios espera de mí. Y, especialmente, se trata de saber escuchar en el fondo del corazón la voz de Dios en la Escritura y en las necesidades de mis hermanos contempladas con mirada evangélica.

Y luego llega el momento de tomar una decisión…

¿Cómo procedo a la hora de tomar las decisiones importantes en mi vida? ¿Con quién consulto? ¿A qué opiniones concedo mayor peso a la hora de decidirme?