Queridos hermanos y amigos. Desde la Casa Madre de nuestra Congregación, os enviamos un saludo fraternal. Junto a los restos de nuestro Padre Fundador nos unimos en oración a toda la Familia Claretiana pidiendo al Señor por las víctimas de la pandemia del coronavirus.

En estas semanas, muchos de nosotros, siendo misioneros, no podemos salir a la calle. En esta Casa-misión, desde sus orígenes y durante muchos años, sus misioneros supieron combinar muy bien el tiempo dedicado a la misión y el tiempo previo para prepararse en casa cultivando la oración, la vida fraterna y la formación.

A este propósito, podemos recordar lo que sucedió a nuestro Padre Fundador con motivo del exilio en Francia a raíz de la revolución española de 1868. El P. José Xifré, Superior General, que estaba refugiado en un pequeño pueblo porque le buscaban para matarlo, le envió una carta llena de tristeza y preocupación porque la pequeña Congregación había sufrido el martirio de uno de sus misioneros (el P. Francisco Crusats, en la Selva del Campo) y el resto había tenido que dispersarse. Muchos creían que se trataba de un golpe mortal para aquella joven congregación. Sin embargo el P. Claret, desde el exilio, supo ver proféticamente más allá de la dificultad momentánea.

Por un lado, le invitó a ser prudente, responsable y flexible, al escribirle: “Me parece muy bien que V. se haya retirado y escondido a fin de evitar mayores disgustos; y así desde su rincón puede V. dar las disposiciones que tenga por conveniente respecto a los demás…” (EC, II, 1304-1305). Por otro lado, le ayudó a vivir esta dura situación a la luz de la fe. Le escribía: “Dígales de mi parte [a los misioneros] que tengan fe y confianza en Jesús y en María. Yo, gracias a Dios, estoy muy contento y animoso, y aún alegre. Cuando considero que Dios es tan sabio, tan bueno y poderoso que aún de las cosas malas saca bienes, espero que la Congregación aún sacará un grande bien de estas tribulaciones” (EC, II, 1305). Y por si no había quedado claro, se lo explicó con una de las parábolas del evangelio: “Bien ha visto V. que… el Labrador siembra su campo; el trigo nace muy hermoso y crece de tal manera que todo el campo parece una alfombra verde; pero ¡ay Dios mío! Vienen unos fríos tan recios, vientos de norte tan fuertes y heladas tan intensas, que dejan asadas las hojas del trigo y como si todo esto fuese poco, cae una nevada tan grande que cubre completamente al campo; el necio se espanta, pero el Labrador confía que la nieve se derretirá, que el frío se calmará y vendrá el buen tiempo; y entonces conocerá que todas esas contrariedades han servido para que el trigo echara más profundas raíces y más crecidos retoños. Ánimo, pues…” (EC, II, 1304-1306).

Vivimos un momento difícil. Que no nos falte la confianza en Dios y el ánimo misionero. Ojalá esta situación la vivamos como un tiempo de escucha y conversión para que cuando volvamos a salir lo hagamos de forma renovada, enriquecida y enriquecedora.

Desde Vic, y ante la tumba de nuestro Padre, oramos por toda la Congregación, por la Iglesia y por todo el mundo. ¡San Antonio María Claret, ruega por nosotros!

Ver video completo.