«Importa mucho ser devoto de María Santísima. Ella os librará de males y desgracias de cuerpo y alma. Ella os alcanzará todos los bienes temporales y eternos… Alistaos en alguna de las cofradías marianas, resistid a las tentaciones y veréis cómo la Virgen os consolará»

(Origen del trisagio. Barcelona 1863, p. 46).

MARÍA EN TU VIDA

Es bueno recordar que María, junto con san José, fueron los que acompañaron a Jesús en su iniciación humana: costumbres, vivencia familiar, relaciones sociales, etc. Todo hace parte principalmente de la función materna que, más allá del parto, se prolonga en otras vivencias fundamentales de la existencia.

La experiencia mariana de Claret tuvo desde su infancia un fuerte cuño «filial». Su vida, salvada de importantes peligros, su educación, sus afectos más íntimos, las certezas que le daban seguridad… Se sabía hijo de María, de su amor, de su corazón. La tenía por maestra, formadora, directora.

Como madre, María actúa en nosotros haciéndonos «semejantes» a Jesús. Y para esta obra actúa con el mismo corazón y las mismas funciones vitales con que formó a Jesús y lo acompañó a lo largo de su vida.

A partir de las palabras de Jesús en el Calvario «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26), todos estamos bajo los cuidados maternos de María, conocedora de nuestras necesidades, límites y miserias y, al mismo tiempo, activa operadora de las mismas obras de Jesús, siempre expresivas de su misericordia.

Podemos estar seguros de que, como Jesús, María conoce nuestras necesidades y penas antes de que se las digamos. Y de que no la dejan indiferente.

¿Te consideras auténtico devoto –hijo– de María?