«Una hacienda sin cultivo no produce ni para el dueño ni para el colono. Religión sin culto de nada sirve ni para Dios ni para el hombre; es inútil. Es, pues, un deber imprescindible para nosotros el practicar la Religión […] escuchando con avidez y docilidad su divina palabra, que hemos de guardar fielmente en nuestros corazones y ponerla por obra; recibiendo con devoción y frecuencia los santos Sacramentos, que para nuestro bien instituyó; ofreciéndole con el de la misa, sacrificios de alabanza, oración y sumisión a su divina voluntad» (El ferrocarril. Barcelona 1857, p. 59s).

IMPORTANCIA DE LO CELEBRATIVO

La dimensión lúdica es una necesidad vital del ser humano. Necesitamos celebrar la vida, los acontecimientos gozosos, e incluso los dolorosos, para darles sentido… Lo “celebrativo” se da en todas las culturas, brota de la entraña misma del ser.

Debemos ser siempre conscientes de la meta a que estamos llamados. Alcanzarla implica desarrollar las diversas dimensiones de lo humano: valores morales, sociales, intelectuales… incluso físicos. Todos ellos deben desembocar en apertura a la trascendencia; en alguna medida se convierten en valores religiosos, cristianos.

Cuando descubrimos la presencia y la bondad de Dios, Creador y Padre, no podemos menos que poner en juego nuestra dimensión lúdica y celebrativa. Celebramos la presencia de Dios en medio de nosotros, en la creación, en su Palabra, en los sacramentos, en la amistad, en el amor… Y expresamos así el gozo de sentirnos hijos, creados y sostenidos por nuestro Padre.

¿Cómo son mis celebraciones? ¿Celebro la vida como un don de Dios?