«Antes de comer diré: Señor, como para tener fuerzas y serviros mejor. Antes de acostarme: Señor, lo hago para reparar las fuerzas gastadas y serviros mejor; lo hago porque Vos así lo habéis ordenado. Si estudio lo hago para más conoceros, amaros y serviros y para más servir y ayudar a mi prójimo»

(Propósitos del año 1861; en AEC p. 696).

TODO DEBE TENER SENTIDO

A Claret Dios le va configurando y todo en su vida adquiere sentido para la misión, incluso estas tres tareas diarias muy sencillas: comer, dormir, estudiar.

Con Claret te sugiero hoy que te detengas y te preguntes por el sentido de tus múltiples –aparentemente insignificantes– actividades cotidianas.

Detente un momento «antes de comer»: ¿Qué sentido doy a mis comidas? Comer, me dirás, es una necesidad básica. Pues Claret sugiere algo más; hasta el comer tiene para él un sentido misionero: poder servir más y mejor.

«¿Y el descanso?». En el trascurso del día nos cansamos. Es preciso reponer fuerzas, destensar los nervios. Pero Claret apunta más alto: se reponen fuerzas para responder mejor a la misión. Ora brevemente antes de entregarte al sueño.

Claret nos recuerda también el «sentido del estudio» o de cualquier otra labor de la jornada. ¿Qué hacer para que el estudio y el trabajo no acaben siendo una pesada carga o una mera rutina? Me dirás que lo haces por superarte, para obtener un título o un salario. Claret te invita a mirar más arriba: estudiar para conocer, amar y servir mejor a Dios y al prójimo. Trata de recuperar el mejor sentido de esas ocupaciones.

Bendice, Señor, este día. Y haz que, ya comamos, ya trabajemos o descansemos, lo hagamos en tu nombre y podamos servirte mejor en los demás.