«Se ha verificado lo que había predicho de tanto tiempo y tantas veces lo que está pasando en España. Yo me ofrecí por víctima y el Señor se dignó aceptar mi oferta, pues sobre mí han venido toda especie de calumnias, infamias, persecuciones, etc… No tenía otra cosa que el testimonio de mi buena conciencia; y así siempre me he quedado tranquilo y en silencio; no pensaba sino en Jesús» (Carta a la M. Antonia París, 21 de julio de 1869, en EC II, p. 1.410).

LLEVAR LOS SUFRIMIENTOS CON ELEGANCIA

Claret fue muy calumniado. Deja estupefacto ver el silencio con que soportó todas las calumnias. El sufrimiento fue un aspecto constante en su vida. Claret sufrió soledad en aquellos momentos hostiles, con la sola compañía de su buena conciencia. Con Jesús en su corazón, y en su silenciosa presencia, hacía frente a la persecución.

Fe cristiana y martirio son casi inseparables. El seguidor de Jesús tiene que cargar con su cruz de cada día (cf. Lc 9,23). Jesús dio la cara valientemente por nosotros en la cruz y nos consiguió la victoria sobre todo sufrimiento. Por eso, cuando un cristiano sufre, participa en el sufrimiento martirial de Jesús y con Él sale victorioso. El dolor y la tristeza se convierten en gozo (cf. Jn 16,20).

Claret se ofreció a Dios como víctima en el altar del sufrimiento, uniéndose a Cristo paciente. Cuando nosotros soportamos el sufrimiento, resistimos valientemente el mal que lo causa y lo debilitamos, y cuando en lo profundo de nuestros corazones lo hacemos unidos a Jesús, se transforma en dolor salvífico.

¿Cuál es tu actitud ante el sufrimiento? Discípulos de Cristo, con nuestra paciencia, daremos la vuelta al dolor.