«¡Oh, cuánto me han servido a mí la instrucción del Catecismo y los consejos y avisos de mis padres y maestros…!» (Aut 26).

APRECIO DE LAS MEDIACIONES

Claret reconoce y agradece las enseñanzasy los consejos recibidos de sus padres y de sus maestros. Es provechoso escuchar y aprender de quienes nos han precedido y han recorrido ya el camino de la vida que nosotros emprendemos.

Y es verdad que cada uno, en última instancia (y con la presencia y compañía de otros), tiene que ir abriéndose paso, haciendo su camino, buscando su lugar,…, pero la sabiduría de las grandes tradiciones populares y religiosas, también entre ellas la de la biblia, nos recuerda la conveniencia y oportunidad de prestar atención al aviso, al consejo, a la enseñanza e instrucción de aquellos que ya hicieron una cierta andadura vital y realizaron un determinado aprendizaje en el arte de la vida. Y todo ello también porque lo normal es que no sepamos, que dudemos…

En realidad para conocer hay que querer conocer. Para entender, hay que querer entender. Pídele al Señor, pues, querer conocer y entender, es decir, pídele inteligencia y sabiduría para querer escuchar y entender qué hacer, cuándo, cómo, con quién…; para conocer y amar la verdad, para vivir en verdad. También para reconocer y agradecer todo aquello y a todos aquellos que te han enseñado a ser lo que eres y a vivir el noble arte de la vida. En medio de tantas y tan diferentes voces, quizá no pocas de ellas orquestadas con dosis de notoriedad, publicidad y ruido, que te llegan de un sitio y de otro, y que quieren influir y determinar tu modo de ser y de hacer, tienes que aprender a discriminar, discernir, elegir…

¿Te dejas aconsejar, asesorar? ¿Quién te aconseja y asesora?