Alabar, servir, amar, conocer. La oración apostólica. Meditaciones, Misioneros Claretianos, Provincia de Santiago. AA. VV. Madrid 2016, pp. 249.

La Provincia Claretiana de “Santiago”, comenzó a publicar algunos libros, en forma de meditaciones, sobre algún texto particularmente típico y significativo de San Antonio María Claret. En el caso que presentamos, el primero, se trata de la oración que el Santo escribió al final del capítulo XII de la II parte de su Autobiografía (Aut 233). En dicho capítulo trata “De los estímulos que me movían a misionar, que fue el ejemplo de los Profetas, de Jesucristo, Apóstoles. Santos Padres y otros Santos” (Aut 214-233).

Es una “oración apostólica” muy conocida entre los miembros de la Familia Claretiana. Muchos incluso se la saben de memoria; y hasta ha sido puesta en música. “Sintetiza de modo sencillo pero admirable el carisma claretiano” (J. M. VIÑAS – J. BERMEJO, San Antonio María Claret. Autobiografía y escritos complementarios, Buenos Aires 2008, p. 238 n. 177; sigla: AEC).

“Santiago” ha continuado últimamente publicando un segundo volumen, siguiendo el mismo método: historia y meditaciones. En este caso se trata nada menos que de la llamada “definición del misionero”: AA. VV., El fuego del amor. La definición del misionero. Meditaciones, Madrid 2020, pp. 242. Como dice J. R. SANZ introduciendo el volumen: “… la oración apostólica y la definición del misionero constituyen, por derecho propio, el Principio y Fundamento de la espiritualidad claretiana” (Alabar…, p. 9).

Los dos volúmenes representan sin duda alguna un gran y competente servicio que la Provincia Claretiana de “Santiago” presta, no sólo a sus miembros, sino a toda la Familia Claretiana. Es sumamente de agradecer. Esperemos que no sean los únicos, sino que continúen con otros textos claretianos particularmente significativos.

Volvamos al primer volumen.

El libro se divide en dos partes: I) “Introducción histórico-biográfica. La ‘oración apostólica’ de Claret, oración autobiográfica” (pp. 17-107), por el P. Severiano Blanco Pacheco, uno de los mejores conocedores actuales de la vida y espiritualidad de Claret. Y la II) “Meditaciones”. En total son diez reflexiones, escritas por nueve claretianos, y la última por un jesuita (J. A. García Monje). Los nueve claretianos que van profundizando y comentando frase por frase el texto de la “oración”, son: A. Bocos Merino (actualmente cardenal), P. Largo Domínguez, J. C. R. García Paredes, J. C. Rioja Bonilla, A. de Prado
Postigo, B. Fernández García, A. Bellella Cardiel, C. Martínez Oliveras y A. Esteban González. Todos ellos conocidos como profesores o escritores, incluso a nivel internacional.

En su largo estudio histórico, Blanco presenta una detallada síntesis de la vida de Claret, basándose en infinidad de citas, sobre todo tomadas de las publicaciones y cartas del Santo. Hace ver cómo poco a poco fueron surgiendo y cuajando los varios contenidos de la “oración” en la vida y ministerio de Claret, en su doble vertiente personal y apostólica, es decir, en su vivencia personal y en la predicación y escritos en favor de los demás, para que también ellos pudieran vivir y experimentar lo que él vivía y sentía. Concluye diciendo que la “oración apostólica” es un “admirable resumen de su forma de vivir” (p. 107); “… contiene una autobiografía en miniatura”, es “una definición íntima y unitaria de su persona” (ib.).

Siguen las diez meditaciones. Son textos mucho más breves y cada uno sobre la frase o inciso que se le encomendó que comentara, y mirando a Claret desde su especialidad filosófica, teológica, experiencial, etc. El resultado es una visión poliédrica y complementaria, no sólo del texto de la “oración” sino –y, en último término, creo que es lo que se pretende- de la figura humana y sobre todo espiritual de Claret.

En una publicación de este tipo es obvio que se den repeticiones, particularmente por lo que se refiere a citas del Santo. Pero, en primer lugar, hay que tener presente que se trata de un libro de meditaciones, y escrito por variados autores, y no de un libro con una estructura temática progresiva bien definida, como suelen ser las obras de un solo autor. Tengamos, además, en cuenta que todos tienen como punto de referencia la “oración”. En segundo lugar, lo podemos justamente considerar como un libro-test que nos permite verificar cuales son los aspectos y textos de Claret que han entrado a formar parte o han sido más asimilados por un grupo de claretianos particularmente cualificados.

Quizás hubiera sido útil, como se suele hacer muchas veces en libros escritos por varios autores, añadir al principio o al final del libro un anexo con una breve noticia biográfica y la especialidad de cada uno de los colaboradores.

Un libro que a todos los claretianos, y a toda la Familia Claretiana, nos honra y enriquece. Las preguntas finales que algunos de los autores añaden al final de su exposición facilita la reflexión meditativa que se propone el volumen.

P. J. Rovira Arumí, cmf.
(Director de “Studia Claretiana”)