«Respecto de la fundación de Jaca no sé qué decirle, siempre doy con miedo consejos en cosas que me pide usted de la Congregación, porque me acuerdo siempre de la cautela con que procedía San Ignacio respecto de la Compañía en no meterse con los que gobiernan. No dudo de que usted habrá hablado con los Sres. Consultores […]. Rogaré a Dios y a la Santísima Virgen para que le dé acierto» (Carta al P. José Xifré, 11 de julio de 1867, en EC II, p. 1.172).

A CADA CUAL SU RESPONSABILIDAD

Jaca es una ciudad española, de la provincia aragonesa de Huesca. Cuando la Congregación de Misioneros fundada por Claret ya iba haciéndose algo numerosa, muchos obispos pedían al Superior General que estableciese una comunidad en su diócesis. Pero algunos preferían acudir directamente a Claret; en tal caso, él desviaba la petición hacia el Superior General, P. Xifré. En el presente caso –como en otros–, es el propio Xifré quien consulta a Claret sobre una petición recibida. Pero Claret, a pesar de ser el Fundador, con modélica discreción, prefiere no interferir en decisiones de gobierno.

Una de las experiencias que con frecuencia hacemos en la vida es «cuando uno se mete donde no le llaman». Pero una cosa es entrometerse, y otra es dar consejo cuando de alguna manera te lo piden. A veces sucede también en las familias. Pedir consejo es algo siempre positivo, y más cuando se trata de los propios padres; y es obvio que el padre o la madre den el mejor consejo que crean oportuno. Cosa muy distinta sería pretender «gobernar a los hijos mayores»…

En mi vida ordinaria, ¿ofrezco gustoso mis consejos, que juzgo provechosos y oportunos a quien me los pide? ¿O peco tal vez de indiferencia?