Antonio María CLARET, Gesammelte Briefe. Band 2. Briefwechsel zwischen Claret und staatlichen Stellen zu Kuba, traducido y editado por Wolfang Deiminger, Zürich 2018, pp. XI-608.

En un primer volumen  publicado en el 2014, el claretiano P. Wolfang Deiminger en nombre de la Provincia Claretiana Alemana, había ofrecido al público de lengua alemana las cartas entre Claret y su gran amigo y colaborador, sacerdote y luego obispo, José Caixal.

En este segundo volumen publica las cartas entre el arzobispo de Santiago de Cuba y luego confesor de la reina Isabel II, y las autoridades estatales durante el período cubano (1851-1857), tanto desde la isla como desde Madrid, siempre, empero, con referencia a la colonia (-1868).

En la introducción al libro (“Einführung”, pp. I-XI) explica el por qué de esta elección de época y personajes, y con qué criterios se ha regido. Muy acertada, aunque brevemente, presenta el contexto histórico de las relaciones Iglesia-Estado en España en general durante el siglo XIX, y en dicha colonia en particular. Algo seguramente impensable hoy día. Baste pensar que un obispo necesitaba la aprobación del gobierno incluso para los nombramientos parroquiales, no digamos ya para el nombramiento de obispos; incluso para la publicación de una encíclica papal en la nación. De ahí la necesaria y continua relación entre un obispo y los varios ministerios del Estado y la reina. Si a ello añadimos los cambios frecuentes de gobiernos de tendencias políticas diversas , cuando no contrapuestas (24 gobiernos en solos diecinueve años, entre 1849 y 1868) se comprende la inevitable correspondencia y su extrema frecuencia. El gobierno que más duró fue de cuatro años y medio; otros solo duraron unos meses o solo unos días, e incluso hubo uno en 1849 que duró un día. Todo lo cual explica la frecuencia de las situaciones de necesidad de  permisos, cuando no de conflicto.

En Cuba, concretamente, los problemas eran incesantes y por cuestiones no solo políticas, sino raciales, de concubinato, esclavitud, la creación o reorganización de nuevas parroquias, etc. La situación del clero, por otra parte, cuando el arzobispo Claret llegó, era penosa: estaba mal formado, mal pagado y frecuentemente envuelto en situaciones morales inaceptables. Añádese a ello que hacía 15 años que estaban sin obispo y treinta que no se ordenaba un sacerdote del lugar.

Comienza el presente volumen con la carta dirigida por Claret al ministro de justicia, Lorenzo Arrazola (desde  Madrid, 4 de agosto de 1849) hasta la que envió al ministro de ultramar, Carlos Marfori y Callejas (desde Madrid, 1 de julio de 1868). Siempre en relación con cuestiones cubanas. En la edición distingue tipográficamente los textos de Claret con un tipo de letra (Palatino Linotype) y con otro (Colibrí) los de los varios personajes al arzobispo; un detalle que ayuda al lector a distinguirlos inmediatamente.

Se trata de un total de unas 360 cartas, de las cuales más de 90 son de Claret a alguien: los varios capitanes generales de Cuba, los ministros de justicia o de ultramar, la reina Isabel II, más a alguna otra persona particular, y las repetidas respuestas a veces de estos a Claret. Para ello, el editor se sirve de los textos en español publicados en los tres volúmenes del “Epistolario Claretiano” de J. M. Gil (I, 1834-1859, Madrid 1970; II, 1859-1870, Madrid 1970; III, Madrid 1987, en que recoge cartas de varios años que no habían sido publicadas en los dos volúmenes precedentes; con un total de 1793 documentos) y los volúmenes del “Epistolario Pasivo de San Antonio María Claret”, publicados esta vez por J. M. Bermejo (I, 1838-1857, Madrid 1972; II 1858-1864, Madrid 1994; III, 1865-1870, Madrid 1995). Deiminger aprovecha también parte de las notas correspondientes  que Gil y Bermejo incluyen para una mejor comprensión de los autores, circunstancias y motivaciones de dichas cartas.

Cierra el volumen un detallado índice de personas (pp. 557-608) en el que nos da noticias de los varios personajes: su cargo, su relación con Claret, etc., según las diferentes circunstancias, y en qué lugar del libro se habla de ellos. La impresión de toda la obra es muy nítida y fácil de leer. Y tiene ciertamente un  gran interés histórico para conocer el ambiente y problemática de una época como fue el siglo XIX español y las relaciones Iglesia-Estado.

Es realmente de agradecer y alabar el esfuerzo tenaz del P. W. Deiminger para llevar a cabo la publicación de este volumen, a pesar de todas las interrupciones y dificultades motivadas en este tiempo, entre otras cosas, debido a la pandemia del covid-19. Así como la aportación económica de la Provincia Claretiana Alemana. Les honra.

Ojalá puedan continuar con otro u otros volúmenes todavía, por ejemplo, con las cartas de Claret al P. J. Xifré o a los claretianos en general, y las respectivas respuestas, cuando las hubiere.

 

J.Rovira Arumí, c.m.f.

(Director de “Studia Claretiana”)

Centro de Espiritualidad Claretiana (CESC), Vic.