Roma – Comitium

Comitium

Roma es el corazón de la Iglesia, un punto de atracción de millones de cristianos que llegan para venerar el sepulcro de Pedro y de Pablo, para ver al Papa, Vicario de Cristo, y para encontrarse en el Espíritu con los primeros cristianos, que derramaron generosamente su sangre por amor a Cristo y a la fe que profesaban. Para ver, para orar, para renovar el amor a Cristo y a la Iglesia vino San Antonio María Claret a la ciudad eterna, pero también para ser enviado a tierra de misiones, a cualquier parte del mundo. Roma fue para Claret un “lugar carismático”, el lugar donde, ya ungido doblemente por el Espíritu como sacerdote y como misionero, sintió más viva la llama del celo apostólico y quedó confirmado en su identidad vocacional de apóstol universal.

Tres veces estuvo San Antonio María Claret en Roma. La primera en 1839, con el fin -dice- de “presentarme a la Congregación de Propaganda Fide para que me mandase a cualquier parte del mundo” (Aut [Autobiografía] 120); volvió a España en 1840 después de haber pasado unos meses como novicio en la Compañía de Jesús.

Regresó a Roma en 1865 para “visitar el sepulcro de los gloriosos San Pedro y San Pablo, y consultar algunas cosas con el Santo Padre” (EC III, pg. 500). El tercer viaje tuvo lugar en marzo de 1869, desde su destierro en París, para estar presente en la celebración de las bodas de oro sacerdotales del Papa Pío IX; y aquí se quedó hasta la conclusión de los trabajos de la primera sesión del Concilio Vaticano I, a mediados de julio de 1870.

Roma – Curia Iulia

Curia Iulia

El actual convento de San Adrián de los Padres Mercedarios se encuentra entre los tres Foros (el Romano, el de Julio César y el de Augusto), al lado de la actual Curia, cerca de Piazza Venezia. La Curia fue la sede del Senado de Roma, construida por Julio César y terminada por el emperador Augusto el año 29 a. C. En el fondo estaba el lugar de la presidencia; a los lados en tres gradas se situaban los aproximadamente 300 senadores. El suelo era de mármol. Su puerta se trasladó a la Basílica de San Juan de Letrán. Este edificio fue convertido en iglesia en tiempos del Papa Honorio I (625-640), y fue dedicada a San Adrián, un santo militar.

En 1931 fue devuelta a su aspecto original. En tiempos del Padre Claret la calle se llamaba Via Bonella. Claret se hospedó en ese convento en su segundo viaje, y en el tercero, con motivo del Concilio. Según escribió al P. Xifré el mercedario P. Reig, que vivió como misionero de la Congregación en Vic de 1850 a 1860, no le ofreció su casa para alojarse “primero porque lo juzgué indigno de recibir tal persona y segundo porque pensé que tenía Su Excelencia la intención de alojarse en los Jesuitas… Si usted viene como deseo y espero, aunque le coloquemos en una celda de novicio, estará muy contento. No obstante, si Su Excelencia quiere ir al Jesús o a la Casa Misión de los Paúles, usted me escriba… Con nosotros estará con pobreza, pero con libertad; con los Jesuitas estará con más abundancia pero con menos libertad; con los Paúles puede estar con mucho retiro”.

En San Adrián recibe Claret hospedaje y cordial acogida. Se acomoda, en lo que puede, a los usos de los mercedarios, no quiere que hagan para él ninguna distinción en la mesa, y logra hacer vida en común con los hermanos. Vive con extrema pobreza, debido al hecho de que, al salir de París, ha dejado de percibir su pequeña asignación como confesor de la reina. Casi diariamente, visita al Santísimo Sacramento expuesto en las Cuarenta Horas en diversas iglesias. En este convento de San Adrián redacta numerosas cartas y apuntes personales, propósitos, revelaciones, folletos y su crónica sobre el Concilio, traduce y adapta la obra “Remedios contra los males de la época actual aplicados por medio del Santísimo Rosario”. Pero sobre todo redacta su conocida obra “L’egoismo vinto” (1869), una breve y preciosa vida de San Pedro Nolasco, en la que inconscientemente atribuye al santo la vida y espiritualidad que el mismo Claret había seguido en su infancia y juventud y donde habla largamente del celo apostólico que le movió durante toda su vida.


(Extracto de la Guía colgada en esta página, apartado Recursos-Guías Claretianas)

 

 Basilica di San Pietro. Roma (Italia).