Triduo al Padre Fundador

Celebración con el pueblo

1.         En el caso de que se haga un acto especial, pueden aprovecharse los elementos que se ofrecen a continuación, o utilizar los esquemas de una celebración de la Palabra o cualquiera de los que se proponen en apéndice.

2.         Si el triduo al Padre Fundador se hace unido a la celebración de la Eucaristía, y si el calendario litúrgico lo permite, lo más adecuado es utilizar cualquiera de los formularios «Por diversas circunstancias» del misal, e incluso su leccionario correspondiente, y orientar la homilía según el tema o núcleo que resalta en la oración cada día.

Celebración en la comunidad claretiana

Lo más adecuado es respetar el sentido y el desarrollo de cada celebración sin mezclar sus contenidos. Por tanto el triduo no se hará dentro del rezo de las Vísperas, sino antes, o a continuación de ellas, aunque sea sustituyendo algún otro ejercicio piadoso.

Los materiales para este triduo están divididos en tres días (núcleos), cada uno de los cuales consta de tres apartados (I, II, III). Esto permite hacer: a) el triduo tal como se ofrece aquí con todos sus elementos, b) el triduo seleccionando un solo apartado para cada día, y c) una novena (cada día un apartado).

Cada comunidad puede adaptar los contenidos según su mentalidad o conveniencias.

EXPERIENCIA CLARETIANA DE DIOS COMO PADRE

Introducción

Actitud básica que configura la espiritualidad de San Antonio María Claret y que ha de conformar la vida de todo claretiano es la profunda experiencia de Dios como Padre.

Canto

Se escoge el canto más apropiado.

Oración inicial

Abre, Señor, nuestra mente y nuestro corazón para re-conocer el inmenso amor que nos tienes, de modo que toda nuestra vida sea para alabanza de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

I

Monitor: Una primera consecuencia de la conciencia de ser hijos amados del Padre y de su providencia es buscar en todo y siempre la gloria de Dios amándole sobre todas las cosas.

Lectura bíblica

Ef 1, 1-12:  Nos ha bendecido con toda clase de bendiciones para ser alabanza de la gloria de su gracia.

– Salmo responsorial: Salmo 106

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

Que lo confiesen los redimidos por el Señor,

los que El rescató de la mano del enemigo,

los que reunió de todos los países:

norte y sur, oriente y occidente. R.

R.: Dad gracias al Señor porque es bueno.

Den gracias al Señor por su misericordia,

Por las maravillas que hace con los hombres.

Calmó el ansia de los sedientos,

y a los hambrientos los colmó de bienes. R.

Den gracias al Señor por su misericordia,

Por las maravillas que hace con los hombres.

Ofrézcanle sacrificios de alabanza

y cuenten con entusiasmo sus acciones. R.

Lectura claretiana

Monitor: San Antonio María Claret es consciente del amor y de la providencia de Dios que tantas veces le ha librado de peligros, y le ha concedido gracias especiales (cf. Aut 42, 125, 136, 327). A partir de su experiencia enseña cómo ha de ser nuestro amor a Dios sobre todas las cosas.

Lector: «Ya que a Dios le llamáis Padre, y lo es, portaos como un buen hijo; temed darle el más pequeño disgusto y esmeraos en complacerle en todas las cosas, como nos ha enseñado Jesucristo.

Amad a Dios con todo vuestro corazón, con toda vuestra alma, con todas vuestras fuerzas y con todo vuestro entendimiento.

Se ama a Dios con todo el corazón cuando no se ama cosa que sea ofensa de Dios, ni se dice ni se hace cosa prohibida por Dios. Se ama a Dios con todo el corazón cuando se le ama con todo el afecto, sin mezcla de otro amor, o, si se ama también otra cosa, es únicamente por Dios, ya sea porque Él mismo lo manda, ya porque aquello es un medio que nos conduce y ayuda a amar a Dios.

Se ama a Dios con toda el alma cuando el hombre se vale del alma para más amar, pues que como el alma tiene tres potencias, memoria, entendimiento y voluntad, con la memoria recuerda los males temporales y eternos de que Dios la ha librado o preservado; recuerda además los bienes que Dios le ha dispensado; bienes corporales y espirituales, bienes temporales y los eternos que espera. Por lo mismo, llena de gratitud, no puede menos que amar a su Bienhechor; con el entendimiento medita quién es Dios y quién es el hombre, cuáles los beneficios que ha recibido y los que aún espera recibir, y en esta meditación se enciende el fuego del amor de Dios, como dice el profeta rey». (San Antonio María Claret: «Carta ascética». En: Escritos espirituales, BAC 1985. p. 116s).

Silencio

Se puede reconocer y agradecerlas pruebas del amor y de la providencia de Dios sobre la propia vida.

Preces

Nos has creado. Padre, para conocerte, amarte y servirte. Bendito seas por siempre, Señor.En todo dependemos de ti y nada tenemos que no hayamos recibido de ti. Que siempre y en todo momento procuremos tu gloria, porque contigo todo lo podemos y sin ti absolutamente nada.

II

Monitor: Buscar en todo la gloria de Dios es estar, como Jesús, en las cosas del Padre y hacer siempre su voluntad.

Lectura bíblica

Jn7, 16b-18: El que quiera cumplir su voluntad… busca la gloria del que le ha enviado.

Salmo responsorial: Sal 118. 89-96

Tu palabra, Señor, es eterna,

más estable que el cielo;

tu fidelidad de generación en generación,

igual que fundaste la tierra y permanece,

por tu mandamiento subsisten hasta hoy,

porque todo está a tu servicio.

R.: Tu palabra. Señor, es eterna.

Si tu voluntad no fuera mi delicia,

ya habría perecido en mi desgracia;

jamás olvidaré tus decretos.

pues con ellos me diste vida;

soy tuyo, sálvame,

que yo consulto tus leyes. R.

Los malvados me esperaban para perderme,

pero yo meditaba tus preceptos;

he visto el límite de todo lo perfecto:

tu mandato se dilata sin término. R.

Lectura claretiana

Monitor: San Antonio María Claret acoge incondicionalmente la voluntad del Padre. Cumplirla en todo es expresión de su amor filial agradecido.

Lector: «¡Cuán bueno sois. Padre mío! ¡Quién acertara a serviros siempre con toda fidelidad y amor! Dadme continuamente vuestra gracia para conocer lo que es de vuestro agrado y fuerza de voluntad para ponerlo por obra! ¡Señor y Padre mío, no deseo más que conocer vuestra santísima voluntad para cumplirla, no quiero otra cosa más que amaros con todo fervor y serviros con toda fidelidad! ¡Madre mía, Madre del amor hermoso, ayudadme!» (Aut 136).

Se dejan unos momentos de silencio.

Preces

• Que no tengamos otra preocupación que estar en las cosas del Padre.

Santificado sea tu nombre, Señor.

• Que no busquemos sino cumplir tu voluntad en la Congregación.

Santificado sea tu nombre, Señor.

• Danos fuerza de voluntad para poner por obra lo que te agrada.

Santificado sea tu nombre, Señor.

III

Monitor: El amor filial al Padre llevará a San Antonio María Claret a trabajar sin descanso por la salvación de los hombres, sus hermanos, para que la humanidad llegue a ser la gran familia de Dios por la gracia.

Lectura bíblica

Jn 17, 1-10: Te he glorificado en la tierra llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.

Salmo responsorial: Salmo 95

Cantad al Señor un cántico nuevo,

cantad al Señor, toda la tierra;

cantad al Señor, bendecid su nombre,

proclamad día tras día su victoria.

R.: Proclamad día tras día su victoria.

Contad a los pueblos su gloria,

sus maravillas a todas las naciones;

porque es grande el Señor,

y muy digno de alabanza,

más temible que todos los dioses. R.

Pues los dioses de los gentiles son apariencia,

mientras que el Señor ha hecho el cielo:

honor y majestad lo preceden,

fuerza y esplendor están en su templo. R.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,

aclamad la gloria y el poder del Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor,

entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R.

Lectura claretiana

Monitor: Como hijo querido de Dios, San Antonio María Claret no quiere ni busca otra cosa sino que Dios sea conocido, amado y servido de todos. Por eso consagra su vida a trabajar para su gloria y a la extensión de su Reino.

Lector: «Vosotros sabéis que los hombres casi siempre obran por alguno de estos tres fines: 1.a por interés o dinero; 2.- por placer; 3.“ por honor. Por ninguna de estas tres cosas estoy misionando en esta población. No por dinero, porque no quiero un maravedí de nadie, ni nada me llevaré. No por placer, porque ¿qué placer podré tener estando fatigándome todo el día. desde la mañana, y muy de mañana, hasta la noche? …¿Será acaso el honor? No. Tampoco es el honor. Vosotros lo sabéis a cuántas calumnias no está uno expuesto: quién me alabará, quién dirá de mí toda especie de disparates, como hacían los judíos contra Jesús… No es ningún fin terreno; es un fin más noble. El fin que me propongo es que Dios sea conocido, amado y servido de todos. ¡Quién tuviera todos los corazones de los hombres para amar con todos ellos a Dios! ¡No os conocen las gentes! ¡Si os conocieran seríais más amado!… También me propongo el impedir los pecados que se cometen, las ofensas que se hacen a Dios… ¿Qué no debo hacer yo al ver a Dios ofendido y ultrajado? ¿Si vierais a vuestro padre que le dan de palos y cuchilladas, no correríais a defenderle? ¿Y no sería un crimen el mirar con indiferencia a su padre en tal situación? ¿No sería yo el mayor criminal del mundo si no procurara impedir los ultrajes que hacen los hombres a Dios, que es mi Padre?» (Aut cf. n. 200-204).

Se dejan unos momentos de silencio.

Preces

• Que todos los hombres te conozcan a ti, Dios verdadero, y a tu Hijo Jesucristo.

Venga a nosotros tu Reino, Señor.

• Que todos tus ministros y evangelizadores se sientan impulsados por tu caridad.

Venga a nosotros tu Reino, Señor.

• Que, a ejemplo de Claret, amemos a nuestros hermanos con el mismo amor con que Dios los ama.

Venga a nosotros tu Reino, Señor.

Oración final

Señor y Padre mío, que te conozca y te haga conocer, te ame y te haga amar, te sirva y te haga servir, te alabe y te haga alabar de todas las criaturas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Canto final

Se escoge el canto más apropiado.

CONFIGURACIÓN CON CRISTO

Introducción

La espiritualidad de San Antonio María Claret es cristo céntrica. «El elemento primordial en la vocación de nuestro Santo Fundador es la consagración plena a Jesucristo para seguirle e imitarle más de cerca en su vida evangélica al estilo de los Apóstoles, trabajando y sufriendo para llevar a los hombres a la glorificación del Padre. Este afán por seguir más de cerca a Cristo lo lleva no sólo a imitar su conducta sino también a asimilar su espíritu tanto en la intimidad filial como en el despliegue de energías a que el celo de la gloria del Padre le impulsaba» (PE 13).

Canto

Se escoge el canto más apropiado.

Oración inicial

Tú, Señor, tienes palabras de vida eterna. Hemos conocido y creído que Tú eres el Santo de Dios. Aumenta nuestra poca fe para que vayamos siempre tras de Ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

I

Monitor: Jesucristo es para el Padre Fundador el Señor, el Hijo enviado por el Padre, hecho hombre de María Virgen, ungido por el Espíritu Santo. La Iglesia experimenta y recomienda el amor maternal a María para llegar a unirnos más estrechamente a Jesús (cf. LG 62). Acojámonos, pues, a su oficio maternal para que forme en nosotros a Jesús, como lo hizo en San Antonio María Claret.

Lectura bíblica

He 2, 22-23. 32-3: Dios lo acreditó con milagros y señales… y ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido.

Salmo responsorial: Sal 106

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,

dad a conocer sus hazañas a los pueblos.

Cantadle al son de instrumentos,

hablad de sus maravillas,

glorias de su nombre santo,

que se alegren los que buscan al Señor.

R: Que se alegren los que buscan al Señor.

Recurrid al Señor y a su poder,

buscad continuamente su rostro.

Recordad las maravillas que hizo,

sus prodigios, las sentencias de su boca. R.

Cuando eran unos pocos mortales,

cuando erraban de pueblo en pueblo,

a nadie permitió que los molestase,

y por ellos castigó a reyes:

«No toquéis a mis ungidos,

no hagáis mal a mis profetas». R.

Lectura claretiana

Monitor: San Antonio María Claret encuentra en la contemplación de la vida de Jesús el camino más adecuado para imitarle.

Lector: «Quien más y más me ha movido siempre es el contemplar a Jesucristo cómo va de una población a otra, predicando en todas partes; no sólo en las poblaciones grandes, sino también en las aldeas; hasta a una sola mujer, como hizo a la Samaritana, aunque se hallaba cansado del camino, molestado de la sed, en una hora muy intempestiva tanto para él como para la mujer. Desde un principio me encantó el estilo de Jesucristo en su predicación. ¡Qué semejanzas! ¡Qué parábolas! Yo me propuse imitarle con comparaciones, símiles y estilo sencillo. ¡Qué persecuciones!… Fue puesto por signo de contradicción, fue perseguido en su doctrina, en sus obras y en su persona, hasta quitarle la vida a fuerza de denuestos y de tormentos e insultos, sufriendo la más bochornosa y dolorosa muerte que puede sufrirse sobre la tierra… Procuraba imitar a Jesús, que a mí y a todos nos dice: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas”. Y así contemplaba continuamente a Jesús en el pesebre, en el taller, en el Calvario. Meditaba sus palabras, sus sermones, sus acciones, su manera de comer, vestir y andar de una a otra población… Con este ejemplo me animaba y siempre me decía: ¿Cómo se portaba Jesús en casos como éste? Y procuraba imitarle, y así lo hacía con mucho gusto y alegría, pensando que imitaba a mi Padre, a mi Maestro y a mi Señor y que con esto le daba gusto». (Aut. 221-222. 356).

Se dejan unos momentos de silencio.

Preces

• Jesús, Hijo y enviado del Padre.

Ten piedad de nosotros.

• Jesús, hijo de María.

Ten piedad de nosotros.

• Jesús, ungido por el Espíritu Santo.

Ten piedad de nosotros.

II

Monitor: San Antonio María Claret, profundamente enamorado de Jesús, busca imitarle siempre en su vida evangélica al estilo de los Apóstoles, pero sobre todo procura asimilar su espíritu.

Lectura bíblica

He 1. 12-15. 21-22: Uno que convivió con nosotros todo el tiempo que Jesús convivió con nosotros sea constituido con nosotros testigo de su resurrección.

Salmo responsorial: Sal 106

Alabad, siervos del Señor,

alabad el nombre del Señor.

Bendito sea el nombre del Señor,

ahora y por siempre:

de la salida del sol hasta su ocaso,

alabado sea el nombre del Señor.

R.: Alabad el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,

su gloria sobre los cielos.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,

que se eleva en su trono

y se abaja para mirar

al cielo y a la tierra? R.

Levanta del polvo al desvalido,

alza de la basura al pobre,

para sentarlo con los príncipes,

los príncipes de su pueblo;

a la estéril le da un puesto en la casa

como madre feliz de hijos. R.

Lectura claretiana

Monitor: Nuestra vida consagrada supone una entrega total a Dios sumamente amado. San Antonio María Claret con su propio ejemplo —basado en el modo de vida de Jesús y de María— nos muestra cómo hemos de vivir: dejándolo todo como los Apóstoles para seguir a Cristo en la predicación del Evangelio, pensando únicamente en su servicio y mayor gloria.

Lector: «Al ver que Dios nuestro Señor sin ningún mérito mío, sino y únicamente por su beneplácito, me llamaba para hacer frente al torrente de corrupción y me escogía para curar sus dolencias al cuerpo medio muerto y corrompido de la sociedad, pensé que me debía dedicar a estudiar y conocer bien las enfermedades de este cuerpo social. En efecto, lo hice, y hallé que todo lo que hay en el mundo es amor a las riquezas, amor a los honores y amor a los goces sensuales… Consideré que para hacer frente a este gigante formidable que los mundanos le llaman omnipotente, debía hacerle frente con la santa virtud de la pobreza, y así como lo conocí, lo puse por obra. Nada tenía, nada quería y todo lo rehusaba. Con el vestido que llevaba y la comida que me daban estaba contento. Con un pañuelo lo llevaba todo. Mi equipaje consistía en un breviario de todo el año, un vademécum en que llevaba los sermones, un par de medias y una camisa para mudarme. Nada más…

Me acordaba siempre que Jesús se había hecho pobre, que quiso nacer pobre, vivir pobremente y morir en la mayor pobreza. También me acordaba de María Santísima, que siempre quiso ser pobre. Y tenía presente además que los Apóstoles lo dejaron todo para seguir a Jesucristo. Algunas veces, el Señor me hacía sentir los efectos de la pobreza, pero era por poco tiempo. Luego me consolaba con lo que necesitaba; y era tanta la alegría que sentía con la pobreza, que no gozan tanto los ricos con todas sus riquezas como gozaba yo con mi amadísima pobreza». (Aut. 357. 359. 363).

Se dejan momentos silencio.

Preces

• Para que abracemos la castidad propuesta por Jesús y a ejemplo de María como un don para consagrarnos a las cosas del Padre.

Te rogamos, óyenos.

• Para que compartiendo la pobreza de Jesucristo, y a semejanza de los Apóstoles que, abandonándolo todo, siguieron al Señor, recordemos a todos los bienes del mundo futuro.

Te rogamos, óyenos.

• Para que, como María, consagrada totalmente como esclava del Señor a la persona y obra del Hijo, en todo nos unamos a la voluntad salvífica de Dios.

Te rogamos, óyenos.

III

Monitor: Identificado con Cristo en su sacrificio redentor, San Antonio María Claret reconoce a la Eucaristía.

Lectura bíblica

1Cor 11, 23-26: Cada vez que coméis de este pan, anunciáis la muerte del Señor hasta que vuelva.

Salmo responsorial: Sal 39

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,

y, en cambio, me abriste el oído;

no pides sacrificio expiatorio,

entonces yo digo: «Aquí estoy —como está escrito en mi libro—

para hacer tu voluntad».

R. El Señor nos ha redimido con la sangre de su Hijo.

Dios mío, lo quiero,

y llevo tu ley en las entrañas.

He proclamado tu salvación ante la gran asamblea;

no he cerrado los labios:

Señor, tú lo sabes. R.

Lectura claretiana

Monitor: Las Constituciones nos recuerdan que en la Eucaristía nos unimos «a Cristo Señor que proclama palabras de vida, se ofrece a Sí mismo por los hermanos, honra al Padre y edifica la unidad de la Iglesia» (n. 35). Recogen justamente la experiencia de San Antonio María Claret.

Lector: «En el día 26 de agosto de 1861, hallándome en oración en la Iglesia del Rosario, en La Granja, a las 7 de la tarde, el Señor me concedió la gracia grande de la conservación de las especies sacramentales y tener siempre, día y noche, el Santísimo Sacramento en el pecho; por lo mismo, yo siempre debo estar muy recogido y devoto interiormente; y además debo orar y hacer frente a todos los males de España, como así me lo ha dicho el Señor.

1862. En el día 11 de mayo de 1862, hallándome en la Capilla del Palacio de Aranjuez, a las 6 Vi de la tarde, en la reserva del Santísimo Sacramento, me ofrecí a Jesús y a María para predicar, exhortar y pasar trabajos, y a la muerte misma, y el Señor se dignó aceptarme.

¡Oh Padre mío! Tomad este mi pobre corazón, comedlo, así como yo os como a Vos, para que yo me convierta todo en Vos. Con las palabras de la consagración, la substancia del pan y vino se convierte en la substancia de vuestro cuerpo y sangre. ¡Señor omnipotente! Consagradme, hablad sobre mí y convertidme todo en Vos». (Aut 694, 698. 756).

Se dejan unos momentos de silencio.

Preces

• Tú eres, Señor, el pan que da la vida.

Danos, Señor, de este pan.

• Tú eres, Señor, el pan partido para nuestra salvación.

Danos, Señor, de este pan.

• Tú eres, Señor, el pan que compartimos y construye nuestra unidad.

Danos, Señor, de este pan.

Oración final

Tú, Señor, nos invitas a participar de tu vida y de tu misión, y nos das en comida tu cuerpo: haz que no queramos otra cosa que tu voluntad, y que, amándote como Tú nos amas y como deseas que te amemos, sólo deseemos vivir por Ti y para Ti y Tú seas para nosotros suficientísimo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Canto final

Se escoge el canto más apropiado.

MISIONERO URGIDO POR LA CARIDAD

Introducción

San Antonio María Claret se sintió llamado con fuerza por el Espíritu Santo a consagrarse enteramente a Cristo y a predicar el Evangelio. Hizo una síntesis perfecta entre misión y vida evangélica. Vivió entregado a la misión como su manera propia de entregarse a Dios, de vivir unido a Cristo y a la Iglesia. Y en la misión descubrió la necesidad de vivir evangélicamente imitando en todo la vida del Señor y de los Apóstoles, enteramente desprendido de sí y entregado al anuncio del Evangelio.

Canto

Se escoge el canto más apropiado.

Oración inicial

Comunícanos, Señor, el Espíritu que concediste a nuestro Padre, San Antonio María Claret, para que con el don de tu gracia enriquezcamos la vida de la Iglesia y hagamos más fecunda su misión en el mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

I

Monitor: Ser misionero implica tener clara conciencia de ser enviado. Es una gracia que se recibe, y cuanto se obra no es por propia iniciativa, sino por obediencia a quien envía. Como el Padre ha enviado a Jesús, Jesús envía a los Apóstoles. La misión que Jesús ha recibido del Padre es la que El confía también a los Apóstoles. El fruto de la misión no se lo puede atribuir el enviado; es el Señor quien da el fruto.

Lectura bíblica

1Cor 3, 5-9: 4. 1-2.6-7: Somos colaboradores de Dios.

Salmo responsorial: Sal 36

Confía en el Señor y haz el bien,

habita tu tierra y practica la lealtad;

sea el Señor tu delicia,

y él te dará lo que pide tu corazón.

R.: Los justos verán la salvación de Dios.

Encomienda tu camino al Señor,

confía en él, y él actuará:

hará tu justicia como el amanecer,

tu derecho como el mediodía. R.

Descansa en el Señor y espera en él.

El Señor es quien salva a los justos;

él es su alcázar en el peligro;

el Señor los protege y los libra,

porque se acogen a él. R.

Lectura claretiana

Monitor: San Antonio María Claret, misionero por vocación y por convicción, entiende como algo fundamental ser enviado por sus superiores para tener la garantía de que no actúa sino por obediencia a Dios.

Lector: «No pocas veces, los Prelados de otras diócesis me pedían a mi Prelado para que fuese a misionar en sus diócesis, y éste condescendía y yo iba, porque tenía por máxima inalterable de no ir jamás a predicar a ninguna parroquia ni diócesis sin la orden expresa de mi Prelado por dos razones muy poderosas: la una, porque así me llevaba por la virtud de la santa obediencia, virtud que el Señor al momento premia; tanto es lo que le gusta. Así sabía que hacia la voluntad de Dios, que Él era quien me enviaba y no mi antojo, y además veía claramente la bendición de Dios por el fruto que se hacía. La segunda razón era de conveniencia, porque como me pedían de todas partes con grande instancia, yo les satisfacía con estas solas palabras: que si el Prelado lo mandaba, iría de muy buena gana. Y así me dejaban a mí en paz. y con él se las entendían y él me enviaba a mí.

Conocí que nunca jamás el misionero se debe entro-meter: debe ofrecerse al Prelado: debe decir: Ecce ego, mitte me, pero no debe ir hasta que el Prelado lo manda, que será mandado del mismo Dios. Todos los profetas del Antiguo Testamento fueron enviados por Dios. El mismo Jesucristo fue enviado de Dios, y Jesús envió a sus apóstoles. Sicut misil me Pater et ego mitto vos». (Aut 194-195).

Se dejan unos momentos de silencio.

Preces

• Danos, Señor, las disposiciones necesarias para poder ser enviados donde sea necesario.

Haznos, Señor, ministros idóneos de tu palabra.

• Danos, Señor, la confianza necesaria para ejercer en tu nombre el ministerio que nos sea encomendado por la Congregación.

Haznos, Señor, ministros idóneos de tu palabra.

• Danos, Señor, la gracia de confiarnos a María, formadora de apóstoles, para dar a conocer al mundo tu nombre y propagar el Reino de los cielos por toda la tierra.

Haznos, Señor, ministros idóneos de tu palabra.

II

Monitor: «Como actividad profundamente sobrenatural, el verdadero apostolado es un ejercicio de fe, de esperanza y de la caridad que el Espíritu difunde en el corazón de todos los hijos de la Iglesia (cf. AA 3). Para desempeñar fielmente los ministerios es indispensable vivir íntimamente unido a Cristo, Salvador y Pastor, especialmente por la celebración fructuosa del sacrificio eucarístico y la frecuente recepción del sacramento de la penitencia» (PE 31).

Lectura bíblica

1Cor 12. 31 —13. 1-3. 8. 13: Si no tengo amor, nada me aprovecha.

Salmo responsorial: Sal 130

Señor, mi corazón no es ambicioso,

ni mis ojos altaneros;

no pretendo grandezas que superan mi capacidad,

sino que acallo y modero mis deseos

como un niño en brazos de su madre.

R.: Te busco, Señor, con sencillez de corazón.

Espere, Israel, en el Señor

ahora y por siempre. R.

Lectura claretiana

Monitor: Nuestras Constituciones cuando nos recuerdan que «la caridad apostólica es la virtud más necesaria al misionero» recogen la experiencia y la enseñanza de San Antonio María Claret.

Lector: «El mismo Espíritu Santo, apareciéndose en figura de lenguas de fuego sobre los Apóstoles el día de Pentecostés, nos da a conocer bien claramente esta verdad: que el misionero apostólico ha de tener el corazón y la lengua de fuego de caridad. El Venerable Ávila fue un día preguntado por un joven sacerdote qué es lo que debía hacer para salir buen predicador, y le contestó muy oportunamente: amar mucho. Y la experiencia enseña y la historia eclesiástica refiere que los mayores predicadores han sido siempre los más fervorosos amantes.

A la verdad, hace el fuego de la caridad en un ministro del Señor lo que el fuego material en la locomotora del ferrocarril, y la máquina en un buque de vapor, que todo lo arrastra con la mayor facilidad. ¿De qué le serviría todo aquel aparato si no hubiese fuego ni vapor? De nada serviría. ¿De qué servirá a un sacerdote que ha hecho toda su carrera de hallarse graduado en sagrada Teología y en ambos Derechos, si no tiene el fuego de la caridad? De nada. No servirá para los otros, porque sería un aparato del ferrocarril sin fuego; quizá, en lugar de ayudar como debería, estorbará. Ni tampoco a él le sirve; como dice san Pablo, cuando yo hablara todas las lenguas y el lenguaje de los ángeles mismos, si no tuviera caridad, vengo a ser como un metal que suena o campana que retiñe». (Aut 440-441; pueden leerse también los nn. 442-444).

Se dejan unos momentos de silencio.

Preces

• Ayúdanos, Señor, a vivir firme y constantemente unidos a Cristo, según nuestro carisma, tal como está propuesto en las Constituciones.

Danos, Señor, hambre y sed de tu amor.

• Concédenos, Señor, crecer en la caridad apostólica para amarte a Ti y a los hermanos como nos amas Tú.

Danos, Señor, hambre y sed de tu amor.

• Haznos experimentar, Señor, la alegría de la resurrección para recorrer el mundo entero impulsados por el fuego del Espíritu Santo.

Danos, Señor, hambre y sed de tu amor.

III

Monitor: El misionero, como seguidor de Jesús y asociado a la obra de la redención, no puede olvidar las palabras de Jesús: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo y tome su cruz», «quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará».

Lectura bíblica

2Cor 4. 1. 7-12: Llevamos en nuestro cuerpo el morir de Jesús.

Salmo responsorial: Sal 6

Señor, no me corrijas con ira,

no me castigues con cólera.

Misericordia, Señor, que desfallezco;

cura, Señor, mis huesos dislocados,

y tú, Señor, ¿hasta cuándo?

R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.

Vuélvete, Señor, liberta mi alma,

sálvame por tu misericordia.

Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,

y en el abismo ¿quién te alabará? R.

Apartaos de mí, los malvados,

porque el Señor ha escuchado mis sollozos;

el Señor ha escuchado mi súplica,

el Señor ha aceptado mi oración. R.

Lectura claretiana

Monitor: San Antonio María Claret entiende que en el orgullo, en la defensa de la propia honra, en el amarse a sí mismo, está el principal obstáculo para entregarse por completo a su misión.

Lector: «Yo me propuse en ¡o exterior la modestia y el recogimiento; en lo interior, la continua y ardiente ocupación en Dios: en los trabajos, la paciencia, el silencio y el sufrimiento. Además, el cumplimiento exacto de la ley de Dios y de la Iglesia, las obligaciones de mi estado, como lo manda Dios; hacer bien a todos, huir los pecados, faltas e imperfecciones y practicar las virtudes.

En todos los sucesos desagradables, dolorosos y humillantes, siempre pienso que vienen así de Dios ordenados para mayor bien mío, y así procuro, al momento que lo advierto, dirigirme a Dios en silencio y con resignación a su santísima voluntad, porque me acuerdo que el Señor ha dicho que ni un pelo de la cabeza caerá sin voluntad del Padre celestial, que tanto me ama.

Creo que todo viene de Dios, y creo que Dios quiere de mí este obsequio: que sufra con paciencia y por su amor las penas del cuerpo, del alma y del honor. Creo que en esto haré lo que es de mayor gloria de Dios: el que calle y sufra como Jesús, que murió en la cruz desamparado de todo.

El hacer y el sufrir son las grandes pruebas del amor». (Aut 419-420; 423-424).

Se dejan unos momentos de silencio.

Preces

Glorificando y llevando a Dios en nuestro cuerpo, concédenos, Señor, guardar nuestros sentidos y ser sobrios en el uso de las cosas.

Tu cruz es nuestra gloria, Señor.

Aumenta nuestra fe, Señor, para que seamos capaces de alegrarnos en toda adversidad.

Tu cruz es nuestra gloria, Señor.

Ayúdanos, Señor, a dar la vida por nuestros hermanos y a ser solidarios con cuantos padecen enfermedad, injusticia y opresión, para que todos consigan la salvación.

Tu cruz es nuestra gloria, Señor.

Oración final

Danos, Señor, la fe que inflamó a los Profetas, a los Apóstoles y a los Mártires, para que seamos capaces de abrazar con ánimo alegre la pobreza, la abnegación y el sacrificio para dilatar el Reino de Cristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amen.

Canto final

Se escoge el canto más apropiado.

TRIDUO AL P. FUNDADOR

Esquema A

1. Introducción

2. Canto de entrada

3. Oración

4. Lecturas:

Lectura de un texto claretiano (Autobiografía, Constituciones u otros documentos congregacionales)

Lectura bíblica Salmo responsorial

5. Homilía, silencio o reflexión compartida

6. Preces

7. Oración final

8. Himno al P. Fundador.

 

Esquema B

1. Canto de entrada

2. Saludo de quien preside

3. Lectura breve de la Palabra de Dios

4. Breve pausa de silencio o de reflexión compartida

5. Oración conclusiva

6. Himno al P. Fundador.

*Triduo (páginas: 171-194), Misioneros Claretianos, Roma, 2001.

Oración apostólica

¡Dios mío y Padre mío!

Que te conozca y te haga conocer;

que te ame y te haga amar;

que te sirva y te haga servir;

que te alabe y te haga alabar de todas las criaturas.

Dame, Padre mío,

que todos los pecadores se conviertan,

que todos los justos perseveren en gracia

y todos consigamos la eterna gloria.

Amén.